Memoria agradecida, fidelidad creativa y esperanza profética marcan el mensaje a religiosas y religiosos del país
Ciudad de México; 2 de febrero de 2026.- En el marco de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026, celebrada el 2 de febrero —fiesta de la Presentación del Señor—, la Iglesia en México elevó una acción de gracias por el testimonio de miles de mujeres y hombres consagrados que, desde sus carismas, siguen anunciando el Evangelio con entrega generosa y compromiso profético.
El mensaje fue compartido por la Dimensión Episcopal para la Vida Consagrada y se sitúa en un contexto particularmente significativo, al conmemorar dos aniversarios clave para la vida religiosa en la Iglesia universal: los 60 años del decreto conciliar Perfectae Caritatis (1965) y los 30 años de la exhortación apostólica postsinodal Vita Consecrata (1996).
Memoria agradecida: una historia viva al servicio del Reino
El texto subraya que estos documentos no son solo recuerdo histórico, sino una palabra viva que sigue iluminando, purificando y renovando la Vida Consagrada. A seis décadas del Concilio Vaticano II, se reconoce que la Vida Consagrada en México ha sido signo del primado de Dios, presencia evangélica entre los pobres, educadora de generaciones y voz profética frente a las heridas sociales.
Esta memoria agradecida invita a reconocer la fidelidad cotidiana de tantas comunidades que han entregado su vida “sin reservas”, muchas veces desde el silencio, la fragilidad y el servicio oculto, pero con una profunda fecundidad evangélica.
Fidelidad creativa: custodiar el carisma y leer los signos de los tiempos
A treinta años de Vita Consecrata, el mensaje retoma con fuerza el llamado a la fidelidad creativa, entendida como una fidelidad sostenida por el Espíritu Santo, capaz de custodiar el carisma fundacional y, al mismo tiempo, responder a los desafíos actuales.
En México, esta fidelidad se concreta en la cercanía con los pobres, los migrantes, las víctimas de la violencia, las comunidades indígenas y quienes viven situaciones de exclusión, así como en el compromiso con la educación, la salud y la defensa de la dignidad humana.
Esperanza profética para la Iglesia y la sociedad
Finalmente, se hace un llamado a que la Vida Consagrada siga siendo profecía de esperanza y de paz, con una presencia más cercana y permanente junto a los pobres, “viviendo con ellos y como ellos”. Este testimonio —afirma el mensaje— es hoy más necesario que nunca para una sociedad herida, que necesita signos creíbles de fraternidad y de reconciliación.
El mensaje está firmado por Mons. César Garza Miranda, obispo responsable de la Dimensión Episcopal para la Vida Consagrada, quien encomienda a religiosas y religiosos a la intercesión de María de Guadalupe y de san Francisco de Asís, reafirmando que la Iglesia en México los necesita y el Espíritu Santo los sigue enviando en misión.Más información https://www.facebook.com/share/1AnafC53Q3/?mibextid=wwXIfr


