El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) llamó a superar el rencor y a responder al fenómeno migratorio desde la acogida, al presentar un nuevo capítulo de la serie “Testigos del Reino”, dedicado a santo Toribio Romo
Fotografía: Especial
Ciudadano de México, 20 de agosto de 2026 (Red Católica).- El perdón como condición para construir la paz y la acogida como exigencia frente a la migración son los dos planteamientos centrales del nuevo mensaje de Mons. Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), dentro de la serie Testigos del Reino.
El capítulo, titulado “El perdón que sana y libera”, toma como referencia la vida de santo Toribio Romo González, sacerdote mexicano asesinado durante la persecución religiosa y cuya figura está estrechamente vinculada con la devoción de los migrantes. “Hay una cárcel sin rejas en la que vivimos encerrados muchas veces: la del rencor”, advierte el presidente de la CEM al introducir su reflexión.
Ramón Castro: perdonar no significa negar el mal
Uno de los principales planteamientos del mensaje es que el perdón cristiano no supone desconocer la gravedad de una injusticia ni renunciar a enfrentarla. “Perdonar no es negar el mal, sino impedir que tenga la última palabra”, sostiene Mons. Castro Castro.
El presidente del Episcopado Mexicano afirma que el perdón tiene además una dimensión liberadora para quien decide otorgarlo: “Sana al que lo recibe, pero sobre todo libera al que lo da, porque lo saca de la prisión del odio”.

Toribio Romo y la persecución religiosa en México
Para desarrollar este planteamiento, el mensaje recupera la historia de Toribio Romo, nacido en 1900 en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, y sacerdote durante la persecución religiosa en México. El capítulo recuerda que, mientras permanecía escondido en Tequila, continuó su ministerio y preparó a un grupo de niños para recibir la Primera Comunión.
En ese contexto ofreció su vida por la Iglesia: “¿Aceptarás mi sangre, que te ofrezco por la paz de la Iglesia?”. Toribio Romo fue asesinado por soldados el 25 de febrero de 1928.

La migración, segundo eje del mensaje de Mons. Ramón Castro
La reflexión del presidente de la CEM traslada la figura del mártir mexicano a un fenómeno contemporáneo: la migración y la situación de quienes atraviesan fronteras y desiertos.
Santo Toribio Romo es objeto de una extendida devoción entre migrantes, particularmente mexicanos. El mensaje recoge testimonios populares de personas que aseguran haber recibido ayuda de un joven mientras se encontraban perdidas en el desierto y que posteriormente asociaron esa experiencia con el sacerdote jalisciense. Mons. Castro relaciona esta tradición con el mandato evangélico: “Fui forastero y me acogieron”.
Perdón y acogida como condiciones para la paz y la justicia
Es en este punto donde el presidente de la CEM formula el planteamiento de mayor alcance social del mensaje: “No hay paz sin perdón y no hay justicia sin acogida del que llama a nuestra puerta”.
La frase vincula dos problemáticas distintas —el resentimiento provocado por la violencia y la vulnerabilidad de los migrantes— a partir de una misma responsabilidad: reconocer la dignidad del otro.
“¿A quién tengo que perdonar? ¿A quién tengo que acoger?”
Mons. Ramón Castro termina el mensaje con dos preguntas dirigidas a la responsabilidad individual y comunitaria: “¿A quién tengo que perdonar?” y “¿A quién tengo que acoger?”. “Perdonar el corazón y abrir la casa son el mismo amor que no se rinde”, afirma.
El nuevo episodio de Testigos del Reino utiliza así la figura de santo Toribio Romo para colocar en la conversación pública el perdón, la construcción de la paz, la migración y la acogida de las personas en situación de vulnerabilidad.
La conclusión del presidente de la CEM resume el sentido del capítulo: “Santo Toribio nos enseña que el perdón libera y que la hospitalidad salva”.
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