Sunday, June 7, 2026

Pentecostés: Cine con Espíritu

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Por el Pbro. Sergio Guzmán, S.J.

Pentecostés, del griego “quincuagésimo día”, es el vocablo que da nombre a la fiesta del quincuagésimo día después de la Pascua de Resurrección del Señor. Con ella cierra admirablemente el tiempo pascual.

La solemnidad celebra la venida del Espíritu Santo, ilumina el tiempo litúrgico ordinario y el inicio de las actividades de la Iglesia.

En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y de la Navidad, y dentro de su celebración se incluye la Secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus: Ven, Espíritu Santo.

A la luz del magisterio del Papa Francisco, recomiendo varias películas para celebrar al Espíritu Divino que desciende, alienta, anima, inspira y renueva, que nos abraza con amor y nos transforma como fuego de Dios.

El Color del Paraíso

Majid Majidi; Irán, 1999, 90 min.

Majid en la película cuenta la historia de Mohammad, un niño ciego que busca y quiere tocar a Dios. Realizada con arte, bellísimas imágenes y acertados diálogos, nos invita a la reflexión y, al avanzar la cinta, podemos recordar a grandes místicos, incansables buscadores de Dios, como San Juan de la Cruz (“¿A dónde te escondiste, Amado mío…”) o San Ignacio de Loyola (“Buscar y encontrar a Dios en todas las cosas”).

Consideremos estas palabras del Papa Francisco: “La característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos, ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. La fe, que nos viene de Dios como don sobrenatural, se presenta como luz en el sendero, luz que habita en la oscuridad, sino que es luz en nuestras tinieblas” (Lumen fidei, 4).

El Octavo Día

Jaco van Dormael; Francia-Bélgica, 1996, 104 min.

Daniel Auteuil, un hombre de negocios con la agenda llena y la vida personal y familiar vacía, se topa en la carretera con Georges, un joven con síndrome de Down, quien también tiene su historia. Juntos ahora contarán los días para descubrir todo lo que Dios ha creado y recreado para ellos. La película nos invita a detenernos en el camino, a revisar nuestros días con aciertos y desaciertos, a abrirnos a lo nuevo y a lo no explorado, a lo que parece imposible o ilógico, como el “octavo día” de la semana.

El Papa nos dice ahora: “Si no creéis, no comprenderéis” (Cf. Is 7,9)… Puesto que Dios es fiable, es razonable tener fe en él, cimentar la propia seguridad sobre su Palabra. Es este el Dios al que Isaías llama más adelante dos veces “el Dios del Amén” (Is 65,16), fundamento indestructible de fidelidad a la alianza. El profeta invita a comprender las vías del Señor, descubriendo en la fidelidad de Dios el plan de sabiduría que gobierna los siglos” (Lumen fidei, 23-24).

Así en la tierra como en el cielo

Kay Pollack; Suecia, 2004, 132 min.

Daniel Daréus, reconocido director de orquesta, sufre un infarto en un concierto y decide hacer un alto en su agitada vida. Cancela todos sus compromisos de agenda y se retira a su pueblo natal para descansar. Sobre todo, para escuchar su corazón. Alejado del bullicio citadino, de las exigencias mundiales y del glamour al que estaba acostumbrado, va recuperando su vida, su historia y vocación: “Desde niño soñaba crear música que liberara el corazón a la gente”, confiesa en un momento.

Sobre ello resultan oportunas las palabras del Papa: “Entrar a escuchar al otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo… A veces la velocidad del mundo moderno, lo frenético nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. No hay que perder la capacidad de escuchar”. San Francisco de Asís “escuchó la voz de Dios, la voz del pobre, la voz del enfermo, la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transformó en un estilo de vida” (Fratelli tutti, 48).

Le Havre: El puerto de la esperanza

Aki Kaurismäki; Finlandia, 2011, 93 min.

Un hombre que trabaja como bolero en Le Havre, despierta y va creando una red solidaria en torno a un chico africano que anda de paso por el puerto y busca llegar a Londres, al encuentro de su madre. El director explora la realidad dura de la migración y de la indiferencia, comunicando lo más noble del ser humano y creando así una estupenda parábola sobre la fraternidad.

Sobre la fe y el amor, el Papa nos dice: “Precisamente por esa vocación de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y la paz. La fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor. La luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida común… Sin un amor fiable, nada podría mantener verdaderamente unidos a los hombres. La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común” (Lumen fidei, 51).

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