Monday, June 22, 2026

Películas para ver con papá

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“Hijo, tú siempre estás conmigo”*

Por el Pbro. Sergio Guzmán, S.J.

Periódico Notidiócesis, Chihuahua 

En varios países celebramos el Día del Padre cada tercer domingo de junio. Por eso quiero recomendarles varias películas que hablan de la paternidad, es decir, de papá, o de aquellos otros que, sin ser padres biológicos, juegan el rol de figura paterna. Es bien sabido que para poder crecer y madurar como personas, y para tener un desarrollo humano integral, la figura paterna al lado de la materna son esenciales. 

Carlos Domínguez Morano -jesuita, psicólogo clínico, teólogo y autor-, hablando metafóricamente nos dice que “Un buen objeto paterno interiorizado […] significaría la incorporación de unas metas, ideales y propuestas de realización y desarrollo personal”**. Por eso, tener una figura paterna sólida le ayudará a la persona a asumir valores relacionados con el poder, la responsabilidad, el compromiso y el servicio a los demás. Revisemos estos días en familia y en nuestras comunidades algunas películas, comentemos aquellas escenas en las que vemos reflejada una buena figura paterna.

Familia al instante, Sean Anders; EUA, 2018, 119 min. Clasificación B.

Esta comedia dramática narra la historia de Pete y Ellie, una joven pareja que se dedica a remodelar casas. En determinado momento, a través de un programa de acogida familiar deciden compartir su felicidad y sumar a su familia tres hermanos: Lizzy de 15 años, Juan de 10, Lita de 6. 

El guión, escrito por el mismo Anders junto con John Morris, se basa en la experiencia personal del propio Anders, pues con su mujer son padres adoptivos. Acertada y delicadamente, el Papa Francisco dice que “La opción de la adopción y la acogida expresa una fecundidad particular de la experiencia conyugal, no sólo en casos de esposos con problemas de fertilidad. Frente a situaciones donde el hijo es querido a cualquier precio, como un derecho a la autoafirmación propia, la adopción y la acogida, entendidas correctamente” son importantes porque “ayudan a reconocer que los hijos, naturales, adoptados o acogidos, son otros sujetos en sí mismos que hace falta recibir, amar y hacerse cargo de ellos, no sólo traerlos al mundo” (Cf. Amoris laetitia, 180).

De tal padre, tal hijo, Hirokazu Koreeda; Japón, 2013, 120 min.

Ryoata es un exitoso arquitecto obsesionado por el éxito profesional. Vive feliz con su mujer y su hijo de 6 años, pero repentinamente su mundo se derrumba cuando del hospital donde nació su pequeño le informan que, por una confusión, cambiaron a su niño por otro. El dilema que enfrentan ambas parejas de padres es: intercambiarse a los niños, como les aconsejan desde el hospital, o conservar al que han criado esos seis años.

Es una bella película que mezcla la sensibilidad con el humor y la ironía. Puede ayudarnos a reflexionar qué significa ser padre en una sociedad obsesionada por la productividad y el consumo. 

La traducción exacta del título en japonés resulta más sugerente, como una confesión de Ryoata: “Y me convertí en padre”.

Reflexionemos estas palabras del Papa Francisco: “Dios pone al padre en la familia para que, con las características valiosas de su masculinidad, sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Para que sea cercano a los hijos en su crecimiento, cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando están despreocupados o angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino. Padre presente, siempre” (Cf. Amoris laetitia, 177).

Todos estamos bien, Giuseppe Tornatore; Italia-Francia, 1990, 126 min.

Matteo Scuro es un funcionario rural que, jubilado, decide recorrer Italia para visitar a sus cinco hijos que viven en diferentes ciudades. La estupenda banda sonora de Ennio Morricone y la mano de Tornatores que sabe tocar fibras íntimas, nos introducen en el alma de los personajes con todo lo que hay de amor y entrega, soledad y dolor, ilusión y desencanto. Al final, veremos qué significa aquello de “todos estamos bien”. La película obtuvo el “Premio del Jurado Ecuménico” en Cannes, en el año de 1990.

Por su parte, el Papa Francisco nos dice: “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta, con todos sus sufrimientos, luchas, alegrías e intentos cotidianos. Cuando se vive en familia, es difícil fingir y mentir, no podemos mostrar una máscara. Si el amor anima la autenticidad, el Señor reina allí con su gozo y su paz. La espiritualidad del amor familiar está hecha de miles de gestos reales y concretos. En esa variedad de dones y encuentros que maduran la comunión, Dios tiene su morada” (Cf. Amoris laetitia 315). 

Descubriendo a Forrester, Gus van Sant; EUA, 2000, 136 min.

La historia nos presenta a Jamal, un joven del Bronx que tiene un don excepcional para la escritura y el baloncesto. Por azares del destino el muchacho conoce a un anciano que vive recluido en su apartamento, y que resulta ser William Forrester, el misterioso ganador del Premio Pullitzer que lleva desaparecido varias décadas. Desde ese momento, ambos comienzan una relación que les ayudará a enfrentar la vida y a encontrar caminos de realización humana. Al adentrarnos en esta historia, podremos constatar cómo Jamal encuentra en Forrester un mentor y una figura paterna. Reflexionemos juntos con el Papa Francisco: “La clarividencia de quien ha sido llamado a ser padre, pastor o guía de los jóvenes consiste en encontrar la pequeña llama que continúa ardiendo, la caña que parece quebrarse (Cf. Is 42,3)  pero que todavía no se rompe. Es la capacidad de encontrar caminos donde otros ven sólo murallas, es la habilidad de reconocer posibilidades donde otros ven solamente peligros. Así es la mirada de Dios Padre, capaz de valorar y de alimentar las semillas del  bien sembradas en los corazones de los jóvenes” (Cf. Christus vivit, 67).

* Lc 15, 31a 

**”Los registros del deseo. Del afecto, el amor y otras pasiones”; Bilbao: Desclée de Brouwer, 2001; p. 99.

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