Pastoral de Movilidad Humana destaca que la acogida, la integración y la protección son desafíos urgentes para el país.
Por CEPCOM
Ciudad de México, 20 de junio de 2026 (Red Católica).- En el marco del Día Mundial de las Personas Refugiadas, la Dimensión Episcopal de Pastoral de Movilidad Humana de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS) expresó su cercanía, reconocimiento y compromiso con quienes se han visto obligados a abandonar sus hogares a causa de la violencia, los conflictos, el cambio climático o los desastres naturales.
A través de un mensaje firmado por Mons. Eugenio Lira Rugarcía, obispo de Matamoros-Reynosa y responsable de esta dimensión pastoral, la Iglesia en México recordó que las personas refugiadas representan uno de los rostros más vulnerables de nuestro tiempo y constituyen un llamado urgente a la fraternidad, la justicia y la solidaridad.
Más de 141 mil personas solicitaron asilo en México durante 2025
El documento retoma datos del Informe de Resultados 2025 de ACNUR México, que señala que más de 141 mil personas solicitaron asilo en el país durante el último año, bajo el lema “Seamos hogar para quienes no pueden volver al suyo”.
Ante esta realidad, la Pastoral de Movilidad Humana destacó que México se ha convertido en un espacio de esperanza para miles de personas desplazadas. Sin embargo, advirtió que el desafío no termina con la acogida, sino que exige garantizar derechos efectivos, integración social y condiciones dignas para quienes buscan reconstruir su vida.
“El reto es hacer que esa esperanza se traduzca en derechos efectivos y en una verdadera integración”, señala el mensaje.
La situación de los refugiados es una prueba para la justicia social
La reflexión retoma también las palabras del papa León XIV en la encíclica Magnifica humanitas, donde afirma que la condición de los migrantes y refugiados constituye un criterio para evaluar la auténtica justicia de una sociedad.
Según el Pontífice, la manera en que una comunidad trata a quienes se ven obligados a desplazarse revela si sus decisiones están guiadas por el miedo o por la fraternidad.
Tres llamados para construir una sociedad más acogedora
Con esta convicción, la Dimensión Episcopal de Pastoral de Movilidad Humana formuló tres exhortaciones concretas:
Comunidades que sean hogares de esperanza
Invitó a las comunidades eclesiales a continuar siendo espacios de acogida, cercanía e integración para las personas refugiadas, promoviendo una cultura del encuentro y el respeto a la dignidad humana.
Fortalecer el sistema de asilo
Asimismo, llamó a las autoridades mexicanas a consolidar los mecanismos de protección internacional, respaldando el trabajo de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y del Instituto Nacional de Migración (INM), así como facilitando los procesos de regularización y acceso a documentos humanitarios.
Defender la vida y construir fraternidad
Finalmente, convocó a toda la sociedad a defender la vida, superar la indiferencia y tender puentes de fraternidad hacia quienes han debido dejar atrás su tierra y sus pertenencias.
Una oración por quienes viven el desplazamiento forzado
El mensaje concluye con una oración confiada a Santa María de Guadalupe por todas las personas refugiadas, así como por quienes tienen responsabilidades públicas y sociales, para que sean signos de esperanza y fraternidad.
Retomando las palabras de Jesucristo, la Pastoral de Movilidad Humana exhortó a vivir la regla de oro del Evangelio: “Hagan por los demás lo que quieren que los demás hagan por ustedes” (Lc 6, 31), como camino para construir una sociedad más humana, justa y solidaria.


