Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, V Arzobispo de Xalapa, ofrece en este artículo una reflexión pastoral sobre la escucha como actitud esencial para vivir la sinodalidad en la Iglesia. A la luz de la Sagrada Escritura, el Magisterio y las enseñanzas recientes de los Papas Francisco y León XIV, el autor subraya que escuchar no es solo oír, sino abrir el corazón al Espíritu Santo y a los hermanos. El texto invita a construir una Iglesia capaz de discernir, caminar unida y anunciar el Evangelio con credibilidad y esperanza en el mundo actual.
Por Mons. Jorge Carlos Patrón Wong
V Arzobispo de Xalapa.
La escucha, fundamento de la sinodalidad
Al continuar nuestra reflexión sobre las actitudes que sostienen la sinodalidad, descubrimos que la escucha es uno de sus pilares más hondos. Es una disposición espiritual que abre el corazón a Dios y a los hermanos. Escuchar es el primer paso para caminar juntos como Iglesia, buscando y discerniendo la voluntad de Dios en medio de la historia.
Escuchar la Palabra y traducirla en vida
La Sagrada Escritura presenta la escucha como actitud fundamental del creyente: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3, 10). En estas palabras de Samuel reconocemos el modelo de un corazón disponible, atento y obediente. Del mismo modo, Jesucristo insiste con fuerza: «El que tenga oídos para oír, que oiga» (Mt 11, 15), subrayando que la verdadera escucha no se queda en la superficie, sino que acoge la Palabra, la interioriza y la traduce en vida.
Una Iglesia que se escucha mutuamente
El Documento Preparatorio del Sínodo sobre la sinodalidad afirma que “una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha”, donde todos —fieles, pastores y el mismo Obispo de Roma— están llamados a escucharse mutuamente y, sobre todo, a escuchar al Espíritu Santo. Esta escucha no responde a criterios sociológicos o funcionales, sino que es espiritual, orientada al discernimiento comunitario.
El Pueblo de Dios participa del sensus fidei
El Concilio Vaticano II nos recuerda que el Pueblo de Dios participa del sensus fidei (Lumen Gentium, 12), es decir, de una gracia que le permite reconocer la verdad del Evangelio. De ahí que cada bautizado tenga algo que aportar, y que la escucha mutua, vivida en comunión, enriquezca y edifique a toda la Iglesia.
Escuchar es más que oír
El Papa Francisco nos recordó en Evangelii Gaudium: “necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír” (EG, 171). Solo desde la escucha la Iglesia puede ser misionera, capaz de acoger las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo.
La escucha construye comunión y esperanza
El Papa León XIV ha subrayado recientemente que “la escucha es el lugar donde Dios sigue pronunciando su Palabra hoy; una Iglesia que no escucha se vuelve estéril, pero una Iglesia que escucha al Espíritu y a los hermanos se convierte en hogar de comunión y semilla de esperanza para el mundo”. Así la escucha no solo construye comunidad, sino que abre caminos de futuro.
Una Iglesia que escucha anuncia con credibilidad
La escucha hace posible caminar unidos bajo la guía del Espíritu Santo. Una Iglesia que escucha puede discernir con sabiduría, renovarse con autenticidad y anunciar el Evangelio con credibilidad en el mundo actual.
«Con María, todos discípulos misioneros de Jesucristo».
Xalapa de la Inmaculada, Ver.,
5 de mayo de 2026.
Periódico Diocesano Alégrate
Edición 1136


