La riqueza no es un fin, sino un medio al servicio del bien común
Ciudad de México; 27 de febrero de 2026 (Red Católica).- En el capítulo 30 de la serie de catequesis Venga a Nosotros Tu Reino, titulado “Corazones desprendidos”, Mons. Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), afirmó que el desprendimiento evangélico no implica carecer de bienes, sino reconocer que la riqueza debe estar al servicio del bien común y de la dignidad humana.
La reflexión subraya que el Evangelio no condena la riqueza en sí misma, sino el apego desordenado que desplaza a Dios y cierra el corazón al prójimo.
El pasaje del joven rico y el llamado al desapego
La catequesis parte del pasaje evangélico del joven que pregunta a Jesús qué debe hacer para alcanzar la vida eterna. Aunque ha cumplido los mandamientos, el Señor le pide desprenderse de sus bienes y compartirlos con los pobres.
El joven se retira entristecido, pues su corazón estaba atado a sus posesiones. A partir de este relato, Mons. Castro explicó que el problema no radica en poseer bienes, sino en permitir que éstos ocupen el lugar de Dios.
“El problema surge cuando los bienes ocupan el lugar de Dios y cierran el corazón al prójimo”, se señala en el mensaje.
Propiedad privada y responsabilidad social
El presidente de la CEM aplicó esta enseñanza a la realidad actual en México, donde se identifican fenómenos como la acumulación sin solidaridad, la indiferencia ante el sufrimiento y el contraste entre el lujo y la pobreza extrema.
Recordó que la doctrina social de la Iglesia enseña que la propiedad privada tiene una “hipoteca social”, lo que significa que los bienes no existen exclusivamente para beneficio individual, sino para servir a todos.
En este sentido, afirmó que la actividad económica debe orientarse siempre al bien común, y que empresarios y empresas tienen una responsabilidad ética concreta: generar empleos dignos, pagar salarios justos, cuidar los recursos naturales y contribuir al desarrollo comunitario.
Conversión personal y compromiso permanente
La catequesis también advierte que la devastación ambiental motivada por la ganancia económica constituye una falta contra las generaciones futuras.
Mons. Castro subrayó que la conversión no es únicamente estructural, sino también personal, y que no basta con actos ocasionales de caridad, sino que se requiere una solidaridad constante y comprometida.
Se mencionan como rostros concretos de la pobreza en México a madres buscadoras, migrantes, pueblos indígenas despojados y jóvenes sin oportunidades.
La catequesis concluye con una invocación a Santa María de Guadalupe, pidiendo su intercesión para aprender a desprenderse de lo que ata el corazón y compartir los bienes del Reino.


