Ciudad de México, 12 de febrero de 2026 (Red Católica).- El 12 de febrero se cumplieron diez años de la visita del Papa Francisco a México, un viaje que marcó a millones de personas por su cercanía con la gente, sus gestos sencillos y sus palabras directas sobre la realidad del país.
Del 12 al 18 de febrero de 2016, el Pontífice recorrió la Ciudad de México, el Estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua. Durante esos días no sólo celebró misas multitudinarias, sino que se encontró con distintos rostros del México profundo: niños enfermos, pueblos indígenas, familias, jóvenes, sacerdotes, trabajadores y personas privadas de la libertad.
Según el programa oficial difundido en su momento por la Santa Sede, Francisco llegó la noche del 12 de febrero a la capital del país. Al día siguiente visitó Palacio Nacional y sostuvo encuentros con autoridades, pero pronto su agenda se enfocó en el contacto directo con la población.
A los pies de Santa María de Guadalupe
Uno de los momentos más recordados fue la misa en la Basílica de Guadalupe, donde puso a México bajo el amparo de la Virgen. En Ecatepec celebró la Eucaristía ante miles de fieles; en el Hospital Pediátrico “Federico Gómez” convivió con niños enfermos y sus familias, dejando imágenes que conmovieron al país.
En Chiapas presidió una celebración con comunidades indígenas y compartió alimentos con representantes de pueblos originarios. En Morelia habló con sacerdotes y jóvenes, animándolos a no perder la esperanza frente a la violencia y el desánimo. Finalmente, en Ciudad Juárez visitó un centro de reinserción social y celebró una misa en la frontera, enviando un mensaje claro sobre la dignidad de los migrantes y la necesidad de construir puentes.

Diez años después, muchos recuerdan aquella semana como un tiempo de unidad nacional y reflexión. Más allá de los actos oficiales, lo que quedó grabado fue la imagen de un Papa cercano, que escuchó, abrazó y habló con sencillez sobre temas como la corrupción, la violencia y la esperanza.
A una década de aquel viaje apostólico, su paso por México sigue siendo motivo de memoria y reflexión para creyentes y no creyentes.


