La irrupción de la Inteligencia Artificial en las aulas plantea desafíos que van mucho más allá del uso de una nueva tecnología: toca la manera de aprender, evaluar, pensar y relacionarse
Por: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel / Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas
Fotografía: Especial
En este artículo, Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, reflexiona sobre el papel de la escuela ante la IA y advierte que la respuesta no puede reducirse a prohibiciones o controles.
A la luz de Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, propone recuperar una educación capaz de formar en el pensamiento crítico, la responsabilidad, la libertad y el sentido humano de la tecnología, mediante una renovada alianza entre familias, docentes y escuelas.

Hechos
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aplicó un examen, con el contrato de una empresa de Monterrey que maneja la IA, para la admisión de alumnos de primer ingreso a las licenciaturas, pero se descubrió que miles, para responder en forma fraudulenta, usaron también mecanismos de IA.
Muchos sacaron altas calificaciones, lo que no era explicable, pues no es común que tantos obtengan altos puntajes. Tuvieron que repetir el examen en forma presencial y muchos ya ni se presentaron. ¡Por algo será! Además de que estos sistemas pueden fallar, la astucia humana puede encontrar mecanismos para burlarlos, como sucedió en este caso.
En muchos centros escolares, públicos y privados, los maestros no saben qué hacer para captar la atención de los alumnos, pues varios están viendo su celular en forma constante y no se centran en el contenido de la clase.
Ya se ha legislado en varios estados de nuestra patria para impedir que los usen durante las clases, a veces prohibiéndoles llevarlos a la escuela, poniendo normas para que lo puedan usar sólo en los tiempos libres, o para hacer investigaciones.
Hubo Seminarios en que, al regresar los seminaristas de sus días libres, les recogían durante toda la semana sus celulares, lo cual tampoco funciona, pues llegó a pasar que algunos llevaban dos; entregaban uno y se guardaban el otro para estar viendo toda clase de distractivos.
Además, no es la represión la que educa, sobre todo con jóvenes, sino formar la mente y el corazón para saberlos usar en tiempo y forma.
Iluminación
El Papa León, en su encíclica Magnifica Humanitas, dice lo siguiente para todos los niveles educativos: «La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres de familia, que desean que sus hijos crezcan siendo capaces de relacionarse, de pensar con espíritu crítico y de tener valores sólidos, depositan en ella grandes esperanzas como una valiosa aliada en la educación de sus hijos. En efecto, los padres tienen el derecho primario e inalienable de elegir el tipo de educación y de formación que se imparte a sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas. El mundo educativo se encuentra hoy frente a algunos retos impostergables» (143).
«El primer reto es de carácter sociopolítico. Tanto dentro de cada país como entre las distintas regiones del mundo persisten fuertes desigualdades en el acceso a la educación básica y a los estudios superiores. En no pocos países, el Estado todavía no ha invertido los recursos necesarios para garantizar una educación de calidad para todos, ya sea apoyando adecuadamente el sistema escolar público o sosteniendo a las instituciones privadas que ofrecen este servicio fundamental» (144).
«El segundo gran reto es de carácter pedagógico. Muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos. El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra época queden rápidamente obsoletos, mientras que la organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Es necesario favorecer la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia» (145).
«El tercer gran desafío es de carácter intelectual y sapiencial. Si no estamos atentos, puede surgir un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento. Se multiplican los conocimientos fragmentarios, pero se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo. Muchos educadores perciben ya los signos de una posible deshumanización, en la que las personas saben muchas cosas, pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida y para no perder de vista el horizonte de sentido. Es necesario promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida» (146).
“La Doctrina social de la Iglesia invita a las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones públicas a una alianza educativa renovada. Esta se hace realidad cuando los principios fundamentales se traducen en objetivos educativos: educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; educar en el reconocimiento del derecho del otro y de quienes vendrán después de nosotros a disfrutar de los bienes que nos han sido dados, o que el ingenio humano pone a nuestra disposición; educar en la libertad y en la responsabilidad; educar en el sentido de la trascendencia y del bien común. La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).
Acciones
Analiza cómo es la educación de los hijos en los centros escolares a los que se los confías, y con los maestros y demás padres de familia plantéense cómo abordar, tanto en la escuela como en la familia, el buen uso o el abuso de estos medios de información y de relación.


