Thursday, August 27, 2026

Las escuelas ante la IA

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La irrupción de la Inteligencia Artificial en las aulas plantea desafíos que van mucho más allá del uso de una nueva tecnología: toca la manera de aprender, evaluar, pensar y relacionarse

Por: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel / Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas

Fotografía: Especial

En este artículo, Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, reflexiona sobre el papel de la escuela ante la IA y advierte que la respuesta no puede reducirse a prohibiciones o controles.

A la luz de Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, propone recuperar una educación capaz de formar en el pensamiento crítico, la responsabilidad, la libertad y el sentido humano de la tecnología, mediante una renovada alianza entre familias, docentes y escuelas.

Hechos

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aplicó un examen, con el contrato de una empresa de Monterrey que maneja la IA, para la admisión de alumnos de primer ingreso a las licenciaturas, pero se descubrió que miles, para responder en forma fraudulenta, usaron también mecanismos de IA.

En muchos centros escolares, públicos y privados, los maestros no saben qué hacer para captar la atención de los alumnos, pues varios están viendo su celular en forma constante y no se centran en el contenido de la clase.

Hubo Seminarios en que, al regresar los seminaristas de sus días libres, les recogían durante toda la semana sus celulares, lo cual tampoco funciona, pues llegó a pasar que algunos llevaban dos; entregaban uno y se guardaban el otro para estar viendo toda clase de distractivos.

Además, no es la represión la que educa, sobre todo con jóvenes, sino formar la mente y el corazón para saberlos usar en tiempo y forma.

Iluminación

El Papa León, en su encíclica Magnifica Humanitas, dice lo siguiente para todos los niveles educativos: «La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres de familia, que desean que sus hijos crezcan siendo capaces de relacionarse, de pensar con espíritu crítico y de tener valores sólidos, depositan en ella grandes esperanzas como una valiosa aliada en la educación de sus hijos. En efecto, los padres tienen el derecho primario e inalienable de elegir el tipo de educación y de formación que se imparte a sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas. El mundo educativo se encuentra hoy frente a algunos retos impostergables» (143).

«El segundo gran reto es de carácter pedagógico. Muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos. El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra época queden rápidamente obsoletos, mientras que la organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Es necesario favorecer la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia» (145).

“La Doctrina social de la Iglesia invita a las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones públicas a una alianza educativa renovada. Esta se hace realidad cuando los principios fundamentales se traducen en objetivos educativos: educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; educar en el reconocimiento del derecho del otro y de quienes vendrán después de nosotros a disfrutar de los bienes que nos han sido dados, o que el ingenio humano pone a nuestra disposición; educar en la libertad y en la responsabilidad; educar en el sentido de la trascendencia y del bien común. La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).

Acciones

Analiza cómo es la educación de los hijos en los centros escolares a los que se los confías, y con los maestros y demás padres de familia plantéense cómo abordar, tanto en la escuela como en la familia, el buen uso o el abuso de estos medios de información y de relación.

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