En el documento Venite ad me, aprobado por el Papa León XIV, la Iglesia analiza cómo los cambios familiares, culturales y digitales están transformando la transmisión de la fe y propone renovar la evangelización desde el encuentro personal, el testimonio y la vida comunitaria
Fotografía: Especial
Ciudad del Vaticano. 21 de octubre de 2026 (Red Católica).– La transmisión de la fe cristiana enfrenta una transformación profunda. Las familias ya no garantizan su continuidad entre generaciones, las nuevas tecnologías modifican la manera de relacionarse y las comunidades religiosas deben encontrar nuevas formas de comunicar sus convicciones.
Así lo reconoce el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en Venite ad me (Venid a mí), documento que analiza los desafíos de la evangelización en una sociedad marcada por los cambios culturales, el avance de la inteligencia artificial y nuevas formas de entender la vida y la religión.
El texto, aprobado por el Papa León XIV el 21 de agosto de 2026 y fechado el 22 de octubre, recoge aportaciones de conferencias episcopales de distintos países. Su propósito es ofrecer elementos de reflexión y caminos pastorales para anunciar el Evangelio en un contexto en el que la pertenencia religiosa ya no puede darse por supuesta.
La familia pierde continuidad como espacio de transmisión de la fe
Uno de los principales problemas identificados es el debilitamiento de la transmisión religiosa entre padres, hijos y nietos.
Durante generaciones, la familia, la escuela, la sociedad y las comunidades eclesiales compartieron valores y prácticas que facilitaban la continuidad de la fe. Hoy, esa relación se ha debilitado en numerosas regiones.
El documento recoge testimonios de obispos de Europa, América Latina y otras regiones que advierten sobre la disminución de la práctica religiosa familiar y las dificultades para comunicar las convicciones cristianas a las nuevas generaciones.
En América Latina, por ejemplo, los obispos de Chile señalan que anteriormente existía una continuidad entre familia, escuela, cultura y comunidad eclesial. Actualmente, esa relación ya no funciona de la misma manera.
La situación también se observa en países donde persisten importantes expresiones de religiosidad popular, pero estas no siempre se traducen en una práctica religiosa constante dentro de las familias.
El Dicasterio plantea que la respuesta no consiste simplemente en recuperar costumbres del pasado, sino en promover experiencias de fe capaces de dialogar con las circunstancias actuales de las personas.

La cultura digital transforma la manera de pensar y relacionarse
El documento reconoce que la tecnología digital representa mucho más que la aparición de nuevos medios de comunicación.
Las plataformas digitales, las redes sociales y la inteligencia artificial están modificando la manera en que las personas comprenden el tiempo, la autoridad, las relaciones humanas y la transmisión del conocimiento.
Retomando la encíclica Magnifica humanitas, de León XIV, advierte sobre los efectos de la inmediatez y la sobreestimulación informativa que pueden dificultar la reflexión y la búsqueda de la verdad.
El texto también señala que la Inteligencia Artificial (IA) introduce nuevos desafíos para la comunicación al permitir simular voces, rostros y formas de interacción que pueden confundirse con relaciones humanas auténticas.
En este contexto, recoge una afirmación del Papa León XIV: “El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico”.
Esta reflexión sitúa el problema más allá del uso de herramientas digitales: se trata de comprender cómo las nuevas tecnologías influyen en la identidad, el pensamiento y las relaciones de las personas.

Evangelizar en internet exige más que publicar contenidos religiosos
Aunque reconoce las posibilidades que ofrecen las plataformas digitales para difundir el Evangelio, el Vaticano advierte que la evangelización no puede reducirse a producir publicaciones, videos o mensajes religiosos.
El documento señala que la comunicación digital puede facilitar el encuentro con testimonios de vida y experiencias espirituales, pero también presenta el riesgo de construir una experiencia religiosa desvinculada de las comunidades y de la vida cotidiana.
Asimismo, advierte sobre las interpretaciones individualistas de la religión y la influencia de grupos que promueven posiciones ideológicas mediante las plataformas digitales.
En este escenario, la Iglesia enfrenta el desafío de comunicar su mensaje de manera comprensible para las nuevas generaciones, sin perder el contenido esencial de la fe.
El documento invita así a considerar la comunicación digital como un espacio de encuentro y anuncio, cuya finalidad debe ir más allá de la difusión de información.

La Iglesia propone recuperar el encuentro personal y la vida comunitaria
Frente a las transformaciones sociales, Venite ad me plantea que la transmisión de la fe debe comenzar por el anuncio fundamental del cristianismo: Jesucristo y el amor de Dios manifestado en su vida, muerte y resurrección.
Este anuncio, conocido como kerygma, constituye el centro de la evangelización y debe preceder a los procesos de formación doctrinal.
El Dicasterio insiste en que la experiencia cristiana no comienza únicamente con el conocimiento de normas o enseñanzas religiosas, sino con el encuentro personal con Jesucristo.
Por ello, destaca la importancia de las familias, las comunidades parroquiales, el acompañamiento personal y el testimonio cotidiano de los creyentes.
La Iglesia está llamada a ofrecer espacios de acogida, escucha y participación, especialmente para quienes se han alejado de la práctica religiosa o no han tenido contacto con la fe cristiana.

Fe y cultura: el desafío de comunicar en una sociedad plural
Otro de los aspectos centrales del documento es la relación entre la fe y las culturas contemporáneas.
La creciente diversidad de convicciones, estilos de vida y formas de comprender la realidad exige revisar los lenguajes y métodos utilizados para transmitir el mensaje cristiano.
El Dicasterio reconoce que la evangelización debe considerar los contextos culturales concretos y evitar presentar la fe como una realidad ajena a las preguntas y preocupaciones de las personas.
En este sentido, subraya la importancia del diálogo, el respeto a la libertad y la capacidad de comunicar las convicciones religiosas en una sociedad plural.
También reconoce el valor de la religiosidad popular, el arte y la belleza como expresiones que permiten transmitir la experiencia cristiana mediante símbolos, tradiciones y encuentros comunitarios.

Una reflexión que también interpela a los comunicadores
Los planteamientos de Venite ad me tienen implicaciones para quienes participan en la comunicación pública, particularmente en el periodismo religioso, la comunicación institucional y los medios de inspiración católica.
En una sociedad caracterizada por la abundancia de información y la fragmentación de las audiencias, transmitir un mensaje implica algo más que disponer de medios tecnológicos o alcanzar un número elevado de usuarios.
La credibilidad, el conocimiento de las personas, la calidad de las relaciones y la capacidad de comunicar con claridad adquieren una importancia especial.
Desde esta perspectiva, el documento abre una reflexión sobre la responsabilidad de los comunicadores para favorecer el diálogo, comprender los cambios culturales y contribuir a una comunicación que respete la dignidad humana.

Un llamado a renovar la evangelización
Venite ad me no constituye una nueva normativa doctrinal ni pretende ofrecer soluciones definitivas a los desafíos de la transmisión de la fe.
Se presenta como un conjunto de consideraciones destinadas a estimular la reflexión y el compromiso pastoral de toda la Iglesia.
El documento, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y por monseñor Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal, invita a reconocer que los cambios sociales y culturales requieren nuevas formas de presencia, acompañamiento y comunicación.
Su planteamiento central es que la transmisión de la fe no puede depender únicamente de la tradición familiar, las instituciones o las herramientas digitales, sino que necesita personas y comunidades capaces de comunicar, mediante su testimonio, la experiencia del encuentro con Jesucristo.



