Durante el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación, especialistas destacaron la necesidad de escuchar a la sociedad, atender las realidades que más duelen y fortalecer la coherencia entre el mensaje y las acciones de la Iglesia
Fotografía: CEPCOM
Villahermosa, Tabasco. 21 de octubre de 2026 (Red Católica).- ¿La Iglesia está comunicando lo que las personas necesitan escuchar? ¿Qué imagen reciben quienes no participan de la vida parroquial? ¿Qué sucede cuando, ante situaciones de violencia o injusticia, sus representantes guardan silencio?
Estas preguntas estuvieron presentes en el panel: “La Iglesia que comunicamos, la Iglesia que perciben”, celebrado en la Diócesis de Tabasco durante el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación, en el que especialistas reflexionaron sobre la distancia que puede existir entre el mensaje que la Iglesia busca transmitir y la manera en que es recibido por la sociedad.
El panel fue moderado por Osvaldo Moreno Sotelo y contó con la participación de Mario Madrigal, especialista en comunicación política; Jesús Antonio, comunicador y conductor de radio; y el sacerdote Gilberto Hernández García, periodista y colaborador de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Tuxtla.

Una Iglesia que hable de lo que le duele a la gente
El padre Gilberto Hernández García señaló que uno de los principales desafíos de la comunicación eclesial es reconocer las necesidades de las comunidades y no limitar sus mensajes a las actividades religiosas.
Desde su experiencia de acompañamiento a migrantes, víctimas de violencia y personas en situación de vulnerabilidad en Chiapas, advirtió que el desplazamiento forzado, las desapariciones y el sufrimiento de las familias no siempre reciben suficiente atención en los medios católicos.
Como ejemplo, mencionó que, mientras se difunden iniciativas como el rezo del Rosario o las marchas por la vida, las historias de las madres buscadoras y de las comunidades desplazadas suelen recibir menor atención.
Incluso compartió el testimonio de una persona vinculada con las madres buscadoras, quien relató las dificultades que enfrentó para solicitar una intención durante una celebración religiosa.
“Fui a pedir una misa a tal parroquia y no me quisieron poner mi intención en la lista porque eso es político”, relató.
Para el sacerdote, estas situaciones pueden provocar que quienes atraviesan momentos de sufrimiento perciban a la Iglesia como una institución distante de sus necesidades.
“No es que nos tengamos que convertir en noticiarios sociales, pero sí encontrar el punto de encuentro entre la luz que nos da el Evangelio y las realidades que más nos duelen”, afirmó.
También cuestionó aquellos mensajes religiosos que, en lugar de acompañar, se concentran en señalar conductas sin considerar las circunstancias de las personas.
“A veces una evangelización a través de los medios demasiado moralista. Crea también hacia afuera una percepción de una Iglesia desenfocada”, advirtió.

“El silencio de la Iglesia también está comunicando”
Otro de los puntos centrales del panel fue la credibilidad de la Iglesia y la importancia de que sus mensajes estén respaldados por acciones.
Mario Madrigal sostuvo que la autoridad moral de cualquier institución depende de la coherencia entre lo que predica y lo que hace.
“Se escucha al que se cree. Y se cree al que es coherente entre lo que dice y lo que hace”, expresó.
Advirtió que esa credibilidad puede debilitarse cuando las instituciones evitan pronunciarse ante acontecimientos que afectan a la sociedad.
“Ante una injusticia, ante una situación de un abuso, si no se dice nada, pues en buena medida el silencio de la Iglesia también está comunicando”, señaló.
El padre Gilberto retomó esta reflexión al narrar un episodio relacionado con una casa para migrantes en Chiapas, intervenida por autoridades estatales que buscaban a un presunto delincuente.
Aunque desde la Pastoral Social se impulsaron acciones para informar sobre lo ocurrido, explicó que no hubo un pronunciamiento público del obispo ni una publicación en los canales oficiales de la arquidiócesis.
Reconoció que estas circunstancias representan un desafío para los responsables de comunicación, quienes deben conciliar la necesidad de informar con el diálogo y la prudencia dentro de las estructuras eclesiales.

¿Cómo comunicar a quienes están lejos de la Iglesia?
Desde su experiencia en radio, Jesús Antonio señaló que los medios de comunicación no religiosos suelen prestar mayor atención a los escándalos y controversias de la Iglesia que a sus iniciativas de servicio.
Sin embargo, consideró que los comunicadores católicos también necesitan replantear la manera en que presentan sus contenidos para conectar con personas que habitualmente no consumen información religiosa.
Como ejemplo, relató que, durante una entrevista para promocionar un encuentro matrimonial, decidió comenzar por las dificultades que enfrentan las parejas, en lugar de limitarse a anunciar las actividades del evento.
“No se trata de ser sensacionalistas. No se trata de vender espejitos, pero sí, lo que tenemos, hacerlo atractivo”, explicó.
Al concluir su intervención, destacó que todo proyecto de comunicación debe partir de tres preguntas: “¿A quién quiero hablarle? ¿Qué le quiero decir? ¿Qué quiero lograr con ello?”.
Por su parte, Madrigal subrayó que ninguna estrategia de comunicación puede sustituir el testimonio y la cercanía con las personas: “Sin comunión no hay comunicación”, afirmó.
El padre Gilberto recurrió a la parábola del buen samaritano para recordar que comunicar el Evangelio también exige reconocer el sufrimiento humano y actuar ante él.
“Aprender a bajarnos, ver de cerca, palpar las heridas del que está ahí en el camino, hacernos cargo”, propuso.



