viernes, septiembre 18, 2026

Diócesis de Tampico recibió el XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores

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Participaron seminaristas y sacerdotes de la Arquidiócesis de Monterrey, Diócesis de Saltillo, Diócesis de Piedras Negras, Diócesis de Nuevo Laredo, Diócesis de Matamoros-Reynosa, Diócesis de Ciudad Victoria, Diócesis de Linares y Diócesis de Tampico

Por: Jesús Priciliano Jiménez Tapia / Revista Navegando de la Diócesis de Tampico

Tampico, Tamaulipas. 18 de septiembre de 2027 (Red Católica).- Con el propósito de fortalecer la fraternidad, la comunión eclesial y el acompañamiento vocacional, la Diócesis de Tampico fue sede del XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores, que se desarrolló del 14 al 16 de septiembre en las instalaciones del Seminario Conciliar de Tampico.

Participaron 145 seminaristas y 30 sacerdotes formadores provenientes de las diócesis que integran la Provincia Eclesiástica de Monterrey: Arquidiócesis de Monterrey, Diócesis de Saltillo, Diócesis de Piedras Negras, Diócesis de Nuevo Laredo, Diócesis de Matamoros-Reynosa, Diócesis de Ciudad Victoria, Diócesis de Linares y Diócesis de Tampico, anfitriona de este encuentro.

Durante estos días los seminaristas y sus formadores se reunieron para compartir la fe, estrechar lazos de amistad, reflexionar sobre el camino formativo y renovar la alegría de responder al llamado de Dios al ministerio sacerdotal.

El encuentro representó también una oportunidad para reconocer que la vocación no se vive de manera aislada, sino en el seno de una Iglesia que acompaña, ora y trabaja unida por el surgimiento de nuevas vocaciones.

En su homilía, Mons. Margarito Salazar Cárdenas dio la bienvenida a los participantes y expresó su alegría por recibir en la Diócesis de Tampico a quienes consideró una esperanza concreta para las Iglesias particulares de la Provincia Eclesiástica de Monterrey.

Dirigiéndose a los sacerdotes responsables de la formación, destacó el valor de su servicio y experiencia vocacional: “Hermanos formadores, ustedes son algo muy valioso para nuestra provincia y nuestras iglesias diocesanas. Gracias por su ministerio”.

Asimismo, señaló que los seminaristas representaban una promesa de esperanza para las comunidades cristianas, pues en ellos se depositaba la oración y el esfuerzo de todo el pueblo de Dios: “Ustedes son un tesoro para nuestra provincia, un tesoro para nuestras iglesias particulares”, expresó a los jóvenes.

En este sentido, recordó que la pastoral debía ser una pastoral vocacionalizada; es decir, una pastoral que ayudara a cada persona a descubrir la llamada que Dios le hacía en su vida.

Uno de los ejes centrales de su reflexión fue la necesidad de construir una verdadera familia seminarística. Mons. Margarito explicó que un Seminario que formaba comunidad generaba vínculos profundos entre seminaristas, formadores, sacerdotes, obispo y la comunidad diocesana.

El prelado también puso especial énfasis en la Eucaristía como fuente y centro de toda comunión. A partir de la enseñanza de san Pablo, sobre las divisiones en la comunidad de Corinto, recordó que el altar y el Sagrario debían ser el corazón de la vida de los seminarios.

“La Eucaristía forma unidad, forma comunión, forma familia”, afirmó al señalar que toda la vida del Seminario debía brotar del encuentro con Cristo presente en el Sacramento.

Por ello, invitó a que la formación sacerdotal tuviera siempre como centro a Jesucristo y abarcara todas las dimensiones de la persona: humana, espiritual, pastoral, académica y comunitaria.

Mons. Margarito Salazar Cárdenas exhortó a los participantes a vivir el encuentro como una oportunidad para reconocerse unidos por una misma fe y una misma misión: “Que seamos proclamadores de la muerte de nuestro Señor Jesucristo y su Resurrección hasta que vuelva”.

Finalmente, pidió que la convivencia, el diálogo y las actividades del encuentro estuvieran animadas por la certeza de que Cristo muerto y resucitado era el centro de la vocación sacerdotal y de la vida de la Iglesia.

El XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores continuó hasta el 16 de septiembre como un espacio de fraternidad, formación y renovación espiritual, en el que los futuros sacerdotes y sus formadores buscaron fortalecer la comunión eclesial y responder con esperanza al llamado de Dios al servicio de su pueblo.

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