viernes, septiembre 18, 2026

Bill Gates mira a la religión ante el avance de la IA y cita Magnifica Humanitas

Comparte

El Pbro. Juan Javier Padilla Cervantes habla sobre el debate generado en los últimos días sobre la Inteligencia Artificial y parte de la cuestión del cofundador de Microsoft: ¿cómo preservar lo verdaderamente humano en una sociedad cada vez más marcada por la inteligencia artificial?

Por: Pbro. Juan Javier Padilla Cervantes

En las últimas semanas ha cobrado fuerza el debate sobre la velocidad con la que avanza la Inteligencia Artificial (IA). Líderes y especialistas del sector tecnológico han advertido sobre sus posibles efectos en el empleo, la seguridad, la desinformación y la capacidad de las sociedades para regular sistemas cada vez más poderosos. 

En medio de esta discusión, Bill Gates introduce una cuestión que va más allá de la tecnología: ¿cómo preservar lo verdaderamente humano en una sociedad cada vez más marcada por la inteligencia artificial?

Incluso reconoce que, si existiera un plan creíble para desacelerar globalmente su desarrollo, probablemente lo apoyaría, aunque considera difícil lograrlo por los intereses económicos y geopolíticos en juego.

El problema, entonces, no consiste simplemente en estar a favor o en contra de la tecnología. Nuestra capacidad tecnológica parece avanzar más rápido que nuestra capacidad social, jurídica y ética para decidir qué debemos hacer con ella.

Bill Gates mira hacia la religión

Es aquí donde la reflexión de Gates adquiere una dimensión particularmente interesante. Al preguntarse cómo preservar nuestra humanidad cuando las máquinas puedan superar algunas capacidades humanas, reconoce que las respuestas no procederán únicamente de ingenieros y desarrolladores.

Gates considera que los líderes religiosos pueden desempeñar un papel importante porque dedican su vida a reflexionar sobre lo que significa ser humano. Y menciona expresamente la encíclica del Papa León XIV sobre Inteligencia Artificial, afirmando que establece “una base sólida” para el trabajo que debe realizarse:

Esto no significa que Gates haya adoptado la antropología cristiana. Él no afirma eso. Lo significativo es que una de las figuras que mejor simbolizan la revolución tecnológica reconoce que, cuando la IA nos obliga a preguntarnos qué significa ser humanos, la tecnología por sí sola no posee todas las respuestas.

Cuando la IA necesita de la antropología

Durante años nos preguntamos: ¿qué serán capaces de hacer las máquinas? Ahora necesitamos formular otra pregunta: ¿qué debe permanecer siempre humano?

Una IA puede procesar información, detectar patrones, producir contenidos y realizar determinadas tareas intelectuales con una velocidad imposible para nosotros. Pero capacidad no significa dignidad.

Un recién nacido no produce. Un enfermo puede depender completamente de otros. Una persona con discapacidad intelectual puede presentar limitaciones cognitivas. Un anciano puede perder la memoria.

Ninguno pierde por ello su dignidad. Ahí se encuentra una de las aportaciones fundamentales de Magnifica Humanitas: la persona no puede reducirse a datos, rendimiento o utilidad.

No todo lo posible debe hacerse

Gates propone incluso reservar determinadas actividades exclusivamente para las personas. Las llama “Human Reserved”.

Pone otro ejemplo: técnicamente una máquina podría comunicar a una persona que padece una enfermedad incurable. Pero no debería hacerlo.

Aquí aparece una distinción fundamental: no todo aquello que puede automatizarse debe automatizarse. La pregunta ya no es únicamente: ¿podemos hacerlo? También debemos preguntarnos: ¿debemos hacerlo?

Trabajar y relacionarnos significa algo más

La misma cuestión aparece ante el empleo. Gates advierte que la IA puede afectar rápidamente trabajos jurídicos, médicos, administrativos, informáticos, manufactureros y de servicios. También reconoce que el trabajo proporciona no solo ingresos, sino dignidad y conexión social.

Por eso no bastaría con encontrar una fórmula económica para sostener a quienes fueran desplazados. El trabajo también significa participar, crear, servir, relacionarnos y aportar algo a los demás.

Una máquina puede simular compañía, pero simular una relación no significa encontrarse verdaderamente con otro.

El verdadero riesgo está también en nosotros

Quizá hemos concentrado demasiado nuestra atención en preguntar qué sucederá si las máquinas llegan a parecerse demasiado a los seres humanos.

Existe una pregunta anterior: ¿qué ocurrirá si nosotros comenzamos a comprendernos como máquinas?

Aquí cobra especial significado que Gates mire hacia la religión y encuentre en Magnifica Humanitas una base para la reflexión.

La Iglesia no tiene que explicar cómo construir mejores algoritmos. Su aportación es recordar para quién deben construirse y al servicio de qué concepción del ser humano.

No se trata de ingenuidad ante los riesgos ni de aceptar acríticamente todo avance tecnológico. Se trata de saber desde dónde discernimos.

Para el cristiano, Jesucristo es fuente y luz para comprender al ser humano. Como recuerda el Concilio Vaticano II: “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et spes, 22).

La pregunta decisiva de la era de la Inteligencia Artificial no será solamente hasta dónde llegarán las máquinas. Será quién es el ser humano y quién queremos llegar a ser.

Consulta el artículo completo aquí: https://www.gatesnotes.com/a-turbulent-ai-era-and-critical-choices-to-make

En esta sección