Por Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, V Arzobispo de Xalapa
Los documentos recientes del Magisterio y las enseñanzas del Papa Francisco y del Papa León XIV presentan la sinodalidad como un auténtico camino espiritual y pastoral. Este camino se sostiene sobre cuatro actitudes fundamentales: la corresponsabilidad, la escucha, el diálogo y la apertura.
Estas actitudes no son simples estrategias organizativas. Son, más bien, expresiones concretas de una Iglesia que camina unida, guiada por el Espíritu Santo.
Corresponsabilidad en la misión
La corresponsabilidad reconoce que todos los bautizados participan activamente en la misión de la Iglesia. El Concilio Vaticano II nos recuerda que el Pueblo de Dios comparte una misma dignidad y una vocación común, aunque exista diversidad de ministerios y carismas (cf. 1 Co 12,12-27).
Desde esta perspectiva, la corresponsabilidad promueve una participación real de laicos, consagrados y ministros ordenados, cada uno desde su propia vocación, para la edificación del Cuerpo de Cristo.
La escucha, actitud esencial
La escucha es una actitud esencial del camino sinodal. Escuchar significa abrir el corazón a Dios y a los hermanos, reconociendo que el Espíritu Santo habla en la vida concreta del Pueblo de Dios.
La súplica bíblica —«Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3,10)— expresa esta disposición interior. Por ello, la Iglesia está llamada a escuchar antes de hablar, discernir antes de decidir y acompañar antes de juzgar.
El diálogo que construye comunión
El diálogo nace de una escucha auténtica. A través de él se construye la comunión y se buscan caminos compartidos, incluso en medio de la diversidad.
San Pablo exhorta: «Vivan en armonía unos con otros» (Rom 12,16). Un diálogo sincero, paciente y respetuoso resulta indispensable para afrontar los desafíos pastorales, culturales y sociales de nuestro tiempo, sin imponer ni excluir, sino buscando juntos la voluntad de Dios.
La apertura que impulsa la misión
Finalmente, la apertura permite a la Iglesia salir de sí misma. Una Iglesia verdaderamente sinodal no se encierra en seguridades autorreferenciales, sino que permanece dócil a la acción del Espíritu y atenta a los signos de los tiempos.
Es una Iglesia en salida, misionera y misericordiosa, capaz de acoger y caminar con todos, sin excluir a nadie.
Una sinodalidad que transforma
En este horizonte, el Papa León XIV ha ofrecido una síntesis luminosa del sentido profundo de la sinodalidad al afirmar: «La sinodalidad no consiste solo en caminar juntos, sino en aprender a mirarnos como hermanos, a escucharnos con respeto y a dejarnos corregir por el Espíritu. Allí donde la Iglesia escucha, discierne y ora unida, nace una comunión que se convierte en misión».
De este modo, la sinodalidad no solo renueva estructuras, sino que transforma los corazones y revitaliza la misión evangelizadora, haciendo visible el rostro evangélico de la Iglesia en medio del mundo.
En los próximos meses continuaremos profundizando, una a una, en las notas esenciales que configuran la sinodalidad como camino de comunión, participación y misión.
«Con María, todos discípulos misioneros de Jesucristo».
Periódico Diocesano Alégrate
8 de Marzo de 2026


