Ciudad de México, Marzo (Red Católica)..— Un diagnóstico crítico sobre la realidad nacional advierte que México enfrenta una profunda crisis marcada por la violencia, la corrupción y la debilidad del Estado de derecho, en un contexto donde el cinismo político se ha normalizado y ha erosionado la vida pública.
El análisis, elaborado por el Dr. Fidencio Aguilar Víquez, del CISAV, retoma una frase del expresidente José López Portillo para describir el momento actual: “lo peor que le puede pasar a México es ser un país de cínicos”. A partir de esta idea, sostiene que lejos de superarse, el problema se ha agudizado, al punto de que la corrupción y la impunidad se presentan incluso con una aparente “autoridad moral”.
Un Estado rebasado por la violencia
El documento señala que el país vive una doble derrota institucional: por un lado, la incapacidad del Estado para garantizar el orden y la justicia; por otro, la captura del poder por intereses que actúan con prepotencia. Esta situación, explica, ha derivado en un escenario donde amplias regiones del país están dominadas por el crimen organizado.
En estas zonas, advierte, la ley ha sido sustituida por la imposición de grupos criminales que controlan territorios, establecen reglas y cobran extorsiones, debilitando gravemente las libertades fundamentales. La violencia, lejos de contenerse, se ha extendido también al ámbito político y social, donde predomina la confrontación y la descalificación.
Desapariciones y crisis de derechos humanos
Uno de los indicadores más alarmantes es el incremento de las desapariciones. De acuerdo con datos citados de México Evalúa, en 2025 se registraron más de 12 mil 800 casos, superando cifras de años anteriores y evidenciando la persistente ausencia del Estado en la protección de sus ciudadanos.
El texto plantea una pregunta de fondo: ¿dónde está el Estado? La incapacidad para garantizar seguridad y justicia contrasta con actitudes autoritarias frente a la ciudadanía, generando una paradoja entre debilidad institucional y ejercicio arbitrario del poder.
Nación plural, Estado debilitado
El análisis distingue entre el Estado y el pueblo, subrayando que México es una nación diversa, histórica y viva, que no puede reducirse a una estructura política. El Estado, en cambio, debería ser el instrumento que organiza la vida pública, establece límites al poder y garantiza el bien común.
Sin embargo, se advierte que esta función ha sido abandonada. La captura del Estado por intereses particulares ha distorsionado su papel, convirtiéndolo en un espacio de dominación más que de arbitraje entre la sociedad y los distintos sectores.
Llamado a reconstruir el tejido social
El documento concluye con una propuesta: revitalizar la sociedad civil y reconstruir los vínculos comunitarios como camino para recuperar el bien común, la justicia y la paz. Esto implica fortalecer relaciones sociales basadas en la dignidad, la fraternidad y la corresponsabilidad.
Asimismo, retoma la advertencia del escritor Octavio Paz, quien ya desde 1979 señalaba el riesgo de cerrar los canales democráticos y abrir la puerta a la violencia. Hoy, ese riesgo —advierte el análisis— parece haberse materializado en buena parte del país.
El desafío, concluye, no es sólo político, sino profundamente social: reconstruir desde abajo una convivencia que haga posible nuevamente la justicia y la paz.
Observatorio CEM 160
México: ¿Quiénes somos?
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