Tuesday, May 19, 2026

Noventa y nueve años

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Pbro. Armando González Escoto

El pasado primero de abril se ha recordado el noventa y nueve aniversario del martirio de un laico extraordinario, Anacleto González Flores.

José Anacleto González Flores nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888. En ese año había llegado el ferrocarril a Guadalajara, y en esa fecha la Iglesia de Guadalajara celebraba el 340 aniversario de su fundación.

Anacleto nació en un ambiente social y familiar que no auguraba nada bueno para su futuro, la extrema pobreza de su familia, la escasez de recursos, los horizontes limitados de su pueblo, y el ambiente marginal comenzaban a definirlo, pero siendo adolescente participó en unas misiones que predicaban sacerdotes venidos de Guadalajara, y ese punto marcó la inflexión radical de su vida: se había encontrado con Cristo y ya no se apartaría de Él.

Inicialmente pensó que la mejor manera de servir al Evangelio era el sacerdocio, por lo cual en 1908 ingresó al seminario menor de San Juan de los Lagos. Viendo con toda honestidad que ésta no era su vocación, y luego de una breve experiencia como secretario en el ejército villista, entró a la Escuela Libre de Leyes en Guadalajara, ciudad en la que fijó definitivamente su residencia, y en la que posteriormente se casó.

Desde su llegada a Guadalajara se distinguió por dos cosas: una sólida fe cristiana en constante profundización, y una vocación incontenible por la formación integral de las personas.

Estos dos poderosos impulsos lo hicieron un lector incansable y un maestro permanente, un hombre de oración y de acción, que muy pronto descubrió y mostró su muy singular capacidad de liderazgo. Anacleto pasaba ya de los veinte años y era un joven apóstol que, al igual que san Pablo, predicaba a Cristo “a tiempo y a destiempo”.

Junto a su peculiar capacidad oratoria, Anacleto será igualmente un incansable escritor de la prensa católica, sus artículos y sus discursos reafirman una y otra vez la fascinación que sentía por Cristo y por su reinado, así como su acción mostraba su don de líder. Para este joven católico todo apostolado debería enfocarse en tres acciones:

• Formar a la sociedad en su fe y en su vocación cívica

• Organizar a la comunidad católica en células formativas

• Movilizar a la sociedad en función de ideales concretos y valiosos

En 1924 constituyó la Unión Popular, que contó con miles de afiliados, podría bien decirse que no había pueblo o ciudad de Jalisco donde esta organización no tuviera presencia. En 1927, bajo una fuerte presión de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, aceptó, contra toda su voluntad, que la Unión Popular liderara la Guerra Cristera, pero él nunca aceptó tomar las armas. No obstante, la madrugada del 1º de abril de 1927 fue aprehendido, los soldados lo torturaron y descoyuntaron sus extremidades, sus últimas palabras resumen magistralmente su vida, su fe, sus convicciones: “Yo muero, pero Dios no muere”.

Semanario Arquidiocesano de Guadalajara 

12 de abril de 2026

Edición 1513

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