Obispos proponen una lectura objetiva del conflicto y un año de reflexión para construir paz
Ciudad de México, (Red Católica de Noticias).— A cien años del inicio del conflicto religioso en México, la Provincia Eclesiástica de Guadalajara hizo un llamado a reconocer con objetividad las luces y sombras de la llamada Guerra Cristera, con el fin de sanar la memoria histórica y promover una cultura de paz y diálogo.
El mensaje, firmado por el cardenal José Francisco Robles Ortega junto con obispos del occidente del país, fue presentado en la capital mexicana por el sacerdote e historiador Armando González Escoto, en un encuentro con medios organizado por la Dimensión Episcopal de Educación y Cultura.
Durante su intervención, el presbítero subrayó la necesidad de evitar interpretaciones ideologizadas de este periodo histórico. “Se ha mitificado mucho, positiva y negativamente”, advirtió, al explicar que el objetivo del documento es ofrecer una lectura equilibrada basada en fuentes rigurosas y el magisterio de la Iglesia.
Un conflicto que marcó la identidad nacional
El conflicto religioso, que se desarrolló entre 1914 y 1929 y tuvo su epicentro en el occidente del país, dejó profundas huellas en la vida social, cultural y religiosa de México.
González Escoto recordó que esta región, integrada por diócesis como Guadalajara, Tepic, Colima y Aguascalientes, fue el centro de irradiación de la violencia hacia al menos catorce estados del país.
Ante la persistencia de una memoria viva —especialmente en comunidades donde aún viven descendientes de quienes participaron en el conflicto—, los obispos consideraron necesario ofrecer una orientación pastoral que permita integrar este periodo a la historia nacional sin recurrir a simplificaciones.
“Queremos aprender de este momento para que no se repita”, enfatizó el historiador.
Reconocer errores y superar visiones parciales
El mensaje episcopal invita a una lectura madura del pasado, reconociendo que tanto el Estado como la propia Iglesia cometieron errores que contribuyeron a la conflictividad.
Entre estos, se mencionan la suspensión de cultos y la participación en dinámicas políticas que tensaron la relación entre ambas instancias.
En este sentido, se exhorta a los fieles a abandonar posturas victimistas y a asumir una comprensión más completa de los hechos, apoyada en la apertura de archivos históricos que, desde 2006, han permitido revisar narrativas previas.
Mártires, cristeros y víctimas: una memoria diferenciada
Uno de los aportes centrales del mensaje es la distinción entre tres realidades dentro del conflicto: Los mártires, que dieron su vida sin recurrir a la violencia; Los cristeros, que tomaron las armas en defensa de su fe; La población civil inocente, afectada por ambos bandos.
“Celebramos a los mártires, recordamos a los cristeros y también a tantos inocentes que sufrieron”, explicó González Escoto.
Asimismo, se destacó la figura del beato Anacleto González Flores, quien promovió una resistencia pacífica mediante vías legales, mostrando que existían alternativas a la violencia armada.
Educación y diálogo, claves para el presente
Más allá del análisis histórico, el sacerdote insistió en que la conmemoración debe servir para el México actual, donde la educación y la formación cívica son fundamentales para evitar nuevas polarizaciones.
“Es más fácil levantarse en armas que educar democráticamente a una sociedad”, afirmó, al tiempo que recordó —en sintonía con el pensamiento del Papa Francisco— que toda guerra representa un fracaso de la humanidad.
Por su parte, el presbítero Eduardo Corral Merino subrayó la importancia de una laicidad colaborativa, basada en el respeto a la autonomía entre Iglesia y Estado, pero también en la cooperación para el bien común.
Un “año de la memoria” para sanar heridas
Como parte de esta iniciativa, a partir del 1 de agosto se pondrá en marcha un “año de la memoria” en la Provincia Eclesiástica de Guadalajara, con actividades de formación, divulgación histórica y reflexión pastoral.
El objetivo, explicaron, no es reabrir heridas, sino sanarlas mediante el conocimiento de la verdad, la reconciliación y el reconocimiento de los valores que surgieron en medio del conflicto, como la defensa de la libertad religiosa y el testimonio de fe.
La Iglesia en México reiteró que recordar este episodio histórico implica un compromiso con el presente: construir una sociedad donde el diálogo, la justicia y la paz prevalezcan sobre cualquier forma de violencia.
Comisión Episcooal de Educación y Cultura


