miércoles, octubre 28, 2026

Comunicar exige preparación, objetivos, coherencia y cercanía con las realidades humanas: Paulina Amozurrutia

Comparte

Durante el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación, la comunicadora y estratega llamó a los responsables de la comunicación eclesial a reflexionar sobre las razones que los mueven a entregar la vida y la necesidad de profesionalizar su labor

Fotografía: CEPCOM

Villahermosa, Tabasco. 23 de octubre de 2026 (Red Católica).- “¿Por qué estaríamos dispuestos a entregar la vida? ¿Qué nos mueve a comunicar? ¿Cuál es el motivo de estar aquí? ¿Para quién realizamos nuestro trabajo comunicativo?”.

Durante su intervención, la activista, formadora de líderes y fundadora de diferentes organizaciones planteó una pregunta que generó diversas reacciones entre los participantes: “¿Tengo ayuda de mi obispo?”.

Por encima de estas dificultades, recordó que están la vocación, el llamado y la responsabilidad que implica comunicar la vida de la Iglesia.

Desde esta perspectiva, preguntó a los asistentes: “¿Qué tan profesional es nuestro trabajo? ¿Tenemos objetivos claros? ¿Sabemos a qué público queremos llegar? ¿Comprenden las personas lo que publicamos? ¿Cómo presentamos nuestros proyectos a quienes deben conocerlos y respaldarlos?”.

Amozurrutia insistió en que no basta con producir contenidos o mantener activas las redes sociales; es necesario tener claridad sobre lo que se quiere comunicar y, sobre todo, para qué se comunica.

Construir la marca

En esta línea, Paulina Amozurrutia explicó que la profesionalización de la comunicación también exige reconocer la propia identidad, identificar las causas que mueven a cada persona y aquello que la define y distingue de los demás.

Asimismo, la estratega insistió en la importancia de construir una marca personal, entendida como aquello que los demás dicen de una persona cuando sale de una habitación.

Para ello, señaló tres elementos fundamentales: los valores que responden a los principios que definen a la persona y permiten reconocer aquello que verdaderamente considera importante; aquello a lo que dedica su tiempo, lo que refleja sus intereses, prioridades y lo que desea comunicar; y la coyuntura, que implica prestar atención a lo que sucede en el mundo, en el país, en la diócesis y en las comunidades donde está presente, para identificar las realidades que la interpelan y las causas que despiertan su interés y compromiso.

En este sentido, invitó a superar la idea de comunicar únicamente por publicar contenidos en las redes sociales. “No subo nada si no tengo un qué y un para qué”, subrayó.

La coherencia entre el ser, el decir y el hacer permite generar confianza, pues antes de comunicar lo que hace la Iglesia, es necesario vivir aquello que se anuncia: “La consistencia de su vida se verá reflejada en su trabajo de comunicación”, expresó.

Una Iglesia que abraza las heridas de su pueblo

Desde esta identidad personal e institucional, Paulina Amozurrutia explicó que la comunicación de la Iglesia está llamada a reflejar el Evangelio y a responder a las realidades que viven las personas.

La violencia, la vulnerabilidad y las dificultades que enfrentan numerosas familias son situaciones ante las cuales la comunicación eclesial no puede permanecer indiferente. Por ello, insistió en la necesidad de escuchar y acercarse a las personas: “Necesitamos tocar tierra para saber acoger”.

Para la ponente, comunicar también significa estar presentes en el territorio, propiciar encuentros y mantener una conversación directa con las personas. La profesionalización, en este sentido, no consiste solamente en diseñar estrategias o producir contenidos de manera masiva, sino también en comprender las realidades de dolor que atraviesan las personas para comunicar con cercanía, claridad y sensibilidad.

Con estas interrogantes invitó a los comunicadores a mostrar también el rostro de una Iglesia que educa, acompaña y permanece cercana a quienes más lo necesitan. Asimismo, recordó la importancia de estar atentos a quienes esperan una palabra de esperanza, una realidad ante la cual los comunicadores católicos tienen una misión y una oportunidad para hacer presente el Evangelio.

Profesionalización para anunciar a Jesús resucitado

Hacia el final de su intervención, Paulina Amozurrutia compartió una experiencia personal que dio un sentido más profundo a su reflexión. Recordó que, durante un momento difícil de su vida, marcado por el sufrimiento físico y espiritual, tuvo la oportunidad de permanecer durante tres horas en el Santo Sepulcro, en Jerusalén.

Desde esta vivencia, invitó a los comunicadores a recordar el sentido más profundo de su vocación: “Volver a encontrar a Jesús resucitado y presentárselo a todos”.

Por ello, recordó que cada contenido publicado no debería responder únicamente a la necesidad de alimentar una parrilla de publicaciones, sino tener una finalidad mucho más profunda: que sea para que alguien lo vea, haga un alto y encuentre a Jesús.

Finalmente, retomó una frase atribuida a san Francisco de Asís que, según explicó, quedó grabada en su memoria: “Vayan y prediquen, y solo, solo si es necesario, hablen”.

Hna. Rocío García Villegas
Hna. Rocío García Villegas
Religiosa mexicana de la Congregación Hijas de María Inmaculada de Guadalupe. Es maestra en Innovación Educativa y licenciada en Mercadotecnia Digital y Community Manager. Cuenta con experiencia en el ámbito educativo, la comunicación institucional y los medios eclesiales. Actualmente dirige la Pastoral de la Comunicación de su congregación, colabora en diversas iniciativas de comunicación de la Iglesia en México y forma parte del Proyecto Pentecostés, iniciativa de formación en comunicación eclesial impulsada por el Dicasterio para la Comunicación. Su misión se centra en comunicar y visibilizar la riqueza de la Vida Consagrada y dar voz a las realidades más vulnerables.

En esta sección