Durante el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación, el académico llamó a los comunicadores católicos a unir fe y razón, fortalecer su vida espiritual y salir al encuentro de los más pobres
Fotografía: CEPCOM
(Red Católica).— Comunicar el Evangelio en la actualidad exige mucho más que publicar contenidos religiosos, administrar redes sociales o transmitir mensajes institucionales.
Implica comprender la cultura contemporánea, formar el pensamiento, cuidar la vida espiritual y mantener una cercanía real con quienes viven en las periferias sociales. Este fue uno de los ejes de la reflexión de Rodrigo Guerra López durante su participación en el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación.
A partir de las enseñanzas del magisterio de los Papas Benedicto XVI, Francisco y León XIV, el secretario de la Pontificia Comisión para América Latina planteó desafíos que interpelan directamente a quienes trabajan en los medios de comunicación de la Iglesia.

La comunicación crea cultura
Guerra López retomó una afirmación del mensaje del Papa León XIV para los comunicadores: “La comunicación no es solo transmisión de informaciones, sino creación de cultura”.
Los contenidos difundidos en internet influyen en la manera en que las personas interpretan la realidad, construyen sus criterios y toman decisiones. Por ello, el mundo digital no puede considerarse una realidad aislada de la vida cotidiana. Lo que circula en las redes sociales también moldea comportamientos, relaciones y valores.
El desafío pastoral consiste en comprender esa influencia y utilizar las tecnologías al servicio de la evangelización, sin permitir que estas terminen dominando a quienes las utilizan.
Fe y razón deben caminar juntas
El segundo llamado fue recuperar la capacidad de razonar con rigor. No se trata de formar comunicadores especializados en ganar discusiones, sino de promover un pensamiento sólido, capaz de argumentar y dialogar.
Al recuperar el magisterio de Benedicto XVI, Guerra López advirtió que una fe separada de la razón puede deformarse hasta convertirse en fanatismo, mientras que una razón cerrada a toda trascendencia corre el riesgo de caer en el racionalismo.
La comunicación católica necesita, por tanto, profundidad intelectual y una fe capaz de dialogar con el mundo.

Adaptar las formas sin traicionar el Evangelio
El ejemplo de san Pablo en Atenas permitió ilustrar otra clave: anunciar a Jesucristo requiere conocer a los interlocutores y reconocer los puntos de encuentro con su cultura.
El apóstol no comenzó condenando a sus oyentes, sino que encontró en su búsqueda religiosa una oportunidad para presentarles el Evangelio. Para Rodrigo Guerra, esta actitud ofrece una orientación pastoral: adaptar los lenguajes y las estrategias sin renunciar al contenido esencial de la fe.
La vida espiritual es indispensable
“Sin vida espiritual, evangelizar ambientes altamente adversos es un suicidio”, advirtió.
La preparación técnica y el conocimiento de las audiencias no bastan. Quien comunica desde la fe necesita cultivar la oración y familiarizarse con la Sagrada Escritura. De lo contrario, corre el riesgo de terminar asimilando los criterios de una cultura que pretende evangelizar.

El peligro de una fe cómoda
Guerra López recuperó una de las preocupaciones del Papa Francisco: evitar convertirse en un “cristiano burgués”, satisfecho con cumplir prácticas religiosas mientras permanece distante del sufrimiento ajeno.
La cercanía con los pobres, marginados y olvidados no debe reducirse a acciones ocasionales o campañas asistenciales. Requiere construir relaciones de amistad que permitan reconocer la dignidad del otro y dejarse transformar por su realidad.
Exigencia personal y misericordia con los demás
“Ser duro contigo mismo y suave con los demás” fue otra de las expresiones destacadas durante su conferencia impartida a más de 130 comunicadores católicos reunidos en Tabasco.
El encuentro con las personas vulnerables también cuestiona las actitudes de quienes sirven en la Iglesia. La autocrítica, la paciencia y la disposición al sacrificio son necesarias para superar la comodidad y desarrollar una comunicación más humana, creativa y abierta.

No basta publicar: hay que llegar a las personas
La última clave atraviesa las anteriores: los comunicadores deben preguntarse si sus mensajes realmente llegan a sus destinatarios.
No basta tener páginas web atractivas, publicar boletines o elaborar materiales visualmente cuidados: es necesario conocer a las audiencias, comprender sus lenguajes y ofrecer contenidos pertinentes.
La evangelización demanda estrategias inteligentes y una comunicación capaz de entrar en conversación con las nuevas generaciones, sin convertir la búsqueda de audiencia en un fin que desplace la identidad cristiana.
Comunicar desde el encuentro
Las reflexiones de Rodrigo Guerra López dejan una pregunta para la Red Católica de Comunicadores y para toda la pastoral de la comunicación: ¿estamos comunicando solamente actividades y mensajes institucionales, o estamos contribuyendo a transformar la cultura desde el Evangelio?
El reto es articular pensamiento, espiritualidad, creatividad y compromiso social. Comunicar a Cristo exige comprender el mundo sin dejarse absorber por él, dialogar sin renunciar a la propia identidad y acercarse a los pobres no como destinatarios ocasionales, sino como hermanos.
La misión no consiste únicamente en conseguir más audiencia, sino en hacer que la comunicación eclesial sea capaz de generar cultura, abrir caminos de diálogo y dar testimonio de una Iglesia cercana a las personas, especialmente a quienes con mayor frecuencia son ignorados.



