Cada dato, cada cifra es una persona, una historia diferente que es más fácil no leer o no escuchar
Fotografía: Semanario Arquidiocesano de Guadalajara
(Red Católica).- Ser joven ya es un riesgo en México, pero además estar desempleado y buscar trabajo, puede ser mortal. La aseveración parece exagerada, pero en Jalisco historias de terror recorren las calles de zonas marginadas en silencio, como un secreto que todos saben pero que nadie quiere contar.
“Yo buscaba trabajo con dos amigos de la misma cuadra, y encontramos un anuncio de guardia de seguridad privada y ofrecían un sueldo bastante competitivo, prestaciones y bonos. Nos citaron en la central camionera nueva porque era foráneo el empleo. No decía dónde era el trabajo, pero recuerdo que era viernes y yo tenía una fiesta el sábado, y pues no fui”, relató hace unas semanas en una reunión un joven de unos 25 años, la experiencia que vivió cuando tenía 16.
Aquellos días no le dio importancia a lo sucedido, incluso sus dos amigos regresaron una semana después y no contaron cómo les había ido, pero semanas más tarde se fueron de la ciudad. No volvió a saber de ellos.
Y le preguntaba si no había pensado de qué trataba el empleo, si sus amigos no querían decir qué hicieron, y si le había dado curiosidad o miedo… Él solo agregó que ellos traían dinero y las semanas que estuvieron en el barrio no trabajaron, luego ambos se despidieron y dijeron que se iban al otro lado. No lo invitaron.
Por años no le dio importancia al tema, pero en marzo de 2025, cuando supo la existencia del rancho Izaguirre en Teuchitlán en la región Valles jalisciense, se le heló la sangre: “Cuando supimos del rancho no nos imaginábamos cómo operaban, pero ya cuando dijeron las formas de agarrar gente, me quedé frío. Me salvé”.
Historias similares permanecen en la memoria colectiva tapatía. Registros policiales advierten que el crimen organizado recluta jóvenes con ofertas falsas de empleo desde antes del 2010.
Hoy es más difícil caer, pero aún sucede. Cada día desaparecen más jóvenes y de vez en cuando las autoridades desmantelan nuevos campos de reclutamiento del crimen organizado. La historia es la misma, pero con diferentes personajes.
Las estadísticas son frías, pero exhiben una cruel realidad: suman más de 13 mil desaparecidos en Jalisco de 1952 a la fecha. Sí, esta entidad mantiene desde hace años el récord de desapariciones en el país.
El pulpo de mil cabezas
Para el crimen organizado, reclutar sicarios, halcones y distribuidores de drogas se modifica y actualiza con las nuevas tecnologías, pero el gancho es el mismo desde hace años: poder y dinero.
Lo que ellos no ofrecen es dolor y muerte. Eso lo conocen bien quienes caen en la trampa. Sí, algunos logran escapar.
Beto es un joven de unos 20 años, reservado. Él vive con su mamá en una zona exclusiva de Zapopan. Su madre cuenta que él era muy bueno para los videojuegos cuando llegó a la adolescencia. A los 12 años era líder de un equipo en línea con compañeros de su escuela. Conoció a una chica en línea a través del juego.
Ella lo invitó a grabar un video sobre ese videojuego en una zona de Chapala. Le dijo que era un trabajo que no le quitaría mucho tiempo, y que una misma tarde estaría de regreso en su casa y con 3 mil pesos en la bolsa. Él aceptó y una mañana salió de su casa y abordó una camioneta blanca de modelo reciente.
Esa misma noche que no regresó a casa, su mamá desesperada, movió cielo, mar y tierra para encontrarlo. Diez angustiosos días después fue localizado vivo en una casa de seguridad del crimen organizado en Tamaulipas.
Él regresó a casa. Hoy ellos cuentan su historia como un amargo recuerdo con un final feliz.
No hay peor dolor que no tener a quien llorarle
Hace unos años, en la glorieta de los desaparecidos de Jalisco, antes glorieta de los Niños Héroes, conocí a una señora de unos 55 años, doña Irme. Entre lágrimas ella soltó sin preámbulo: “No hay peor dolor que no tener a quien llorarle”.
Después de una pausa me contó que su hijo Cesar Jiovanny Calderón Jiménez desapareció en calles de la colonia Lomas de la Primavera en Zapopan, la tarde del 2 de febrero del 2022.
“Se lo llevaron y no volvimos a saber de él”, concluyó la mujer que hoy cría a tres niños que no saben nada de su padre.

Una nueva ley, ¿para qué?
En medio de una guerra que la ciudadanía no pidió, diputados locales presumen que a inicios de septiembre aprobaron por unanimidad la Ley para Prevenir y Erradicar el Reclutamiento de Niñas, Niños y Adolescentes en Jalisco.
Aplaudieron que ya en esta entidad existe una ruta clara para prevenir, detectar y atender casos de reclutamiento por el narco en menores de 18 años.
En el papel se marca una diferencia entre víctimas de trata y de reclutamiento forzado. En el papel se propone atención psicológica o psiquiátrica para que las víctimas de reclutamiento puedan reintegrarse a la sociedad. En el papel se propone prevenir el reclutamiento y hasta brindar protección integral a las víctimas.
Sí, en el papel es una gran ley que especifica un crimen atroz. Evidencia los abusos y visibiliza a las víctimas. Sí, todo está en el papel, porque aún no hay presupuesto, ni personal, ni agencias del Ministerio Público especializadas en atender este delito, porque aún no está como tal en el código penal.
Ojo, no es que antes de esta nueva ley el crimen no tenía nombre ni era perseguido, ya existía el delito de “trata”, y en el código penal sí se especificaron los tipos de trata y procesos para atender a las víctimas.
Ah, pero mientras unos aseguran que creando nuevas leyes mejorarán las cosas, en la realidad no hay quien haga valer lo ya establecido, porque contra todos los discursos, los jóvenes siguen desapareciendo, siguen cayendo, siguen muriendo.
Mientras los diputados se levantan el cuello y presumen la creación de nuevas leyes que aseguran son urgentes, la llamada nueva central camionera de Guadalajara, continúa sus corridas a la muerte.
Reclutadores del narco se pierden entre las salas de espera a la guarda de jóvenes que no tienen idea de su futuro, lejos de su familia y de las autoridades que juraron protegerlos.
Los jóvenes siempre caerán en las garras del narco, porque, ¿quién no ve atractiva una oferta laboral con un buen sueldo y la promesa de prestaciones? Desde hace casi 20 años el narco ha operado de la misma manera y ni una autoridad lo ha descifrado, ni ha hecho algo para impedir el reclutamiento.
La prevención es posible, pero por más leyes que surjan, quedarán solo en el papel si no hay fiscalías con el interés de buscar a los desaparecidos, de acabar con la crisis forense y de evitar que los jóvenes salgan de su casa a futuros inciertos, porque no hay más oportunidades para estudiar, para desarrollarse, para crecer.
En este país las estadísticas se engrosan con números fríos que siempre suman. Cada dato, cada cifra es una persona, una historia diferente que es más fácil no leer o no escuchar. Si nos permitiéramos leer, escuchar y aprender, podríamos compartir y no caer…


