jueves, octubre 22, 2026

Reclutamiento forzado, una historia, miles de historias…

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Cada dato, cada cifra es una persona, una historia diferente que es más fácil no leer o no escuchar

Fotografía: Semanario Arquidiocesano de Guadalajara

(Red Católica).- Ser joven ya es un riesgo en México, pero además estar desempleado y buscar trabajo, puede ser mortal. La aseveración parece exagerada, pero en Jalisco historias de terror recorren las calles de zonas marginadas en silencio, como un secreto que todos saben pero que nadie quiere contar.

Aquellos días no le dio importancia a lo sucedido, incluso sus dos amigos regresaron una semana después y no contaron cómo les había ido, pero semanas más tarde se fueron de la ciudad. No volvió a saber de ellos.

Por años no le dio importancia al tema, pero en marzo de 2025, cuando supo la existencia del rancho Izaguirre en Teuchitlán en la región Valles jalisciense, se le heló la sangre: “Cuando supimos del rancho no nos imaginábamos cómo operaban, pero ya cuando dijeron las formas de agarrar gente, me quedé frío. Me salvé”.

Hoy es más difícil caer, pero aún sucede. Cada día desaparecen más jóvenes y de vez en cuando las autoridades desmantelan nuevos campos de reclutamiento del crimen organizado. La historia es la misma, pero con diferentes personajes.

Las estadísticas son frías, pero exhiben una cruel realidad: suman más de 13 mil desaparecidos en Jalisco de 1952 a la fecha. Sí, esta entidad mantiene desde hace años el récord de desapariciones en el país.

El pulpo de mil cabezas

Para el crimen organizado, reclutar sicarios, halcones y distribuidores de drogas se modifica y actualiza con las nuevas tecnologías, pero el gancho es el mismo desde hace años: poder y dinero.

Beto es un joven de unos 20 años, reservado. Él vive con su mamá en una zona exclusiva de Zapopan. Su madre cuenta que él era muy bueno para los videojuegos cuando llegó a la adolescencia. A los 12 años era líder de un equipo en línea con compañeros de su escuela. Conoció a una chica en línea a través del juego.

Esa misma noche que no regresó a casa, su mamá desesperada, movió cielo, mar y tierra para encontrarlo. Diez angustiosos días después fue localizado vivo en una casa de seguridad del crimen organizado en Tamaulipas.

Él regresó a casa. Hoy ellos cuentan su historia como un amargo recuerdo con un final feliz.

No hay peor dolor que no tener a quien llorarle

Hace unos años, en la glorieta de los desaparecidos de Jalisco, antes glorieta de los Niños Héroes, conocí a una señora de unos 55 años, doña Irme. Entre lágrimas ella soltó sin preámbulo: “No hay peor dolor que no tener a quien llorarle”.

“Se lo llevaron y no volvimos a saber de él”, concluyó la mujer que hoy cría a tres niños que no saben nada de su padre.

Una nueva ley, ¿para qué?

En medio de una guerra que la ciudadanía no pidió, diputados locales presumen que a inicios de septiembre aprobaron por unanimidad la Ley para Prevenir y Erradicar el Reclutamiento de Niñas, Niños y Adolescentes en Jalisco.

En el papel se marca una diferencia entre víctimas de trata y de reclutamiento forzado. En el papel se propone atención psicológica o psiquiátrica para que las víctimas de reclutamiento puedan reintegrarse a la sociedad. En el papel se propone prevenir el reclutamiento y hasta brindar protección integral a las víctimas.

Ojo, no es que antes de esta nueva ley el crimen no tenía nombre ni era perseguido, ya existía el delito de “trata”, y en el código penal sí se especificaron los tipos de trata y procesos para atender a las víctimas.

Mientras los diputados se levantan el cuello y presumen la creación de nuevas leyes que aseguran son urgentes, la llamada nueva central camionera de Guadalajara, continúa sus corridas a la muerte.

Los jóvenes siempre caerán en las garras del narco, porque, ¿quién no ve atractiva una oferta laboral con un buen sueldo y la promesa de prestaciones? Desde hace casi 20 años el narco ha operado de la misma manera y ni una autoridad lo ha descifrado, ni ha hecho algo para impedir el reclutamiento.

En este país las estadísticas se engrosan con números fríos que siempre suman. Cada dato, cada cifra es una persona, una historia diferente que es más fácil no leer o no escuchar. Si nos permitiéramos leer, escuchar y aprender, podríamos compartir y no caer…

Ulises Zamarrón
Ulises Zamarrón
Semanario Arquidiocesano de Guadalajara

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