En el segundo día del encuentro en Costa Rica, los evangelizadores digitales fueron invitados a recordar que no son competidores, sino trabajadores de una misma viña
San José, Costa Rica. 19 de agosto de 2026 (Red Católica).- El segundo día del encuentro internacional Hechos 29, que reúne en Costa Rica a misioneros y evangelizadores digitales de distintos países, puso el foco en uno de los principales desafíos de la comunicación en internet: cómo pasar de generar contenidos, a generar encuentros, acompañamiento y comunidad.
La jornada combinó celebración, formación y trabajo en grupos, con reflexiones sobre la identidad del misionero digital, la relación entre los espacios virtuales y presenciales y los riesgos de división y polarización en internet.
La misión no es una competencia
El día comenzó con la celebración de la Eucaristía presidida por el Padre Melson Andrés Correa (Colombia) y la reflexión sobre la parábola de los trabajadores de la viña. El relato sirvió para abordar una realidad muy presente entre quienes realizan misión en internet: la comparación.
“¿Por qué a él le funciona ese video y a mí no?”, “¿por qué ella creció más rápido?” o “¿por qué él tiene más seguidores?”, son algunas de las preguntas que pueden convertir la misión en una competencia.
La reflexión invitó a cambiar esa lógica y recordar que los misioneros digitales no son competidores, sino trabajadores de una misma viña. Si el contenido de otra persona ayuda a alguien a recuperar la esperanza, acercarse a Dios o reencontrarse con una comunidad, el resultado beneficia a todos.
El mensaje se resumió en tres acciones: salir, mirar y alegrarse: salir a los espacios donde están las personas, mirar más allá de las métricas y alegrarse por el bien que otros realizan.
Una nueva página de la misión digital
El encuentro continuó con una reflexión de Mons. Lucio Adrián Ruiz, Secretario del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede, quien abordó los desafíos que enfrenta la Iglesia ante la misión digital; explicó que no puede entenderse únicamente como una estrategia de comunicación. Los nuevos “confines” a los que hoy es necesario salir no son solamente geográficos: también son culturales, existenciales y antropológicos. En este contexto, destacó el desafío de que la Iglesia descubra la misión digital como “una nueva página de su historia misionera”.
A partir de las conclusiones del Grupo de Estudio 3 del Sínodo de la Sinodalidad, que habla sobre la misión en los ambientes digitales, señaló la necesidad de integrar esta misión en la vida ordinaria de la Iglesia, reconocerla dentro de las estructuras de las Iglesias locales y movimientos, acompañar a los misioneros digitales y ofrecerles una formación permanente que incluya dimensiones espirituales, teológicas, técnicas y sinodales.
Entre las imágenes propuestas para comprender esta misión estuvieron el Buen Pastor que sale al encuentro, el Buen Samaritano que reconoce el sufrimiento, los discípulos de Emaús que escuchan y acompañan, el Padre misericordioso que acoge y los discípulos de Pentecostés que comunican de manera que otros puedan comprender.
El encuentro continuó con una reflexión de Mons. Lucio Adrián Ruiz, Secretario del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede, abordó los desafíos que enfrenta la Iglesia ante la misión digital, explicó, que no puede entenderse únicamente como una estrategia de comunicación. Los nuevos “confines” a los que hoy es necesario salir no son solamente geográficos: también son culturales, existenciales y antropológicos.
En este contexto, destacó el desafío de que la Iglesia descubra la misión digital como “una nueva página de su historia misionera”. A partir de las conclusiones del Grupo de Estudio 3 del Sínodo de la Sinodalidad, que habla sobre la misión en los ambientes digitales, señaló la necesidad de integrar esta misión en la vida ordinaria de la Iglesia, reconocerla dentro de las estructuras de las Iglesias locales y movimientos, acompañar a los misioneros digitales y ofrecerles una formación permanente que incluya dimensiones espirituales, teológicas, técnicas y sinodales.
Entre las imágenes propuestas para comprender esta misión estuvieron el Buen Pastor que sale al encuentro, el Buen Samaritano que reconoce el sufrimiento, los discípulos de Emaús que escuchan y acompañan, el Padre misericordioso que acoge y los discípulos de Pentecostés que comunican de manera que otros puedan comprender.

De publicar contenidos a acompañar personas
El P. José Juan Montalvo, conocido como ‘Padre Borre’, profundizó en la identidad de quienes realizan misión en el entorno digital. Explicó que la misión digital es la acción evangelizadora desarrollada dentro de la cultura digital y que no consiste solamente en utilizar redes sociales para transmitir contenidos, sino en generar encuentros, comunidad y acompañamiento.
También señaló que el misionero digital no puede reducirse a la figura del influencer. En esta misión participan creadores de contenido, ilustradores, podcasters, administradores de cuentas parroquiales e institucionales, músicos, editores, diseñadores, community managers, reporteros, fotógrafos y muchas otras personas.
Uno de los puntos centrales de su intervención fue distinguir entre digitalizar la pastoral y hacer pastoral digital. Digitalizar la pastoral significa trasladar al entorno digital actividades que ya se realizaban, como publicar avisos o transmitir una celebración.
La pastoral digital, en cambio, implica desarrollar una misión propia dentro de la cultura digital, comprender sus lenguajes y acompañar a las personas que habitan estos espacios.

Entre la pantalla y la vida real
Las dinámicas de los algoritmos pueden hacer menos visibles las realidades de las personas más vulnerables, es la preocupación que abordó el argentino Agustín Podestá (@hablemosdeteologia); frente a ello, llamó a recuperar una mirada capaz de reconocer al que necesita ayuda y salir a su encuentro.
También recordó que la manera de comunicar forma parte del propio mensaje y que, para hacer misión digital, es necesario ponerle rostro a la comunicación y recuperar la dimensión humana.
Una de las preguntas planteadas fue especialmente relevante para las comunidades: ¿están preparadas para recibir a las personas que tienen un encuentro digital con ellas?
La misión, señaló, se desarrolla entre lo digital y lo presencial, las plataformas pueden abrir puertas, pero no sustituyen la experiencia de una comunidad. La reflexión concluyó con una idea central: la tarea del misionero digital es ayudar a construir el Reino de Dios, conectando la experiencia digital con la vida real.

¿Qué estamos sembrando en internet?
La división y la polarización fueron el eje de la intervención de Verónica Brunkow, quien planteó una pregunta para quienes realizan misión en internet: “¿Qué estamos sembrando: trigo o cizaña?”.
A partir de nueve tentaciones de la misión digital, inspiradas en Evangelii Gaudium (Papa Francisco, 2013), identificó algunos riesgos: la falta de oración, la autorreferencialidad, el desánimo provocado por las métricas, el consumo pasivo de contenido, el aislamiento, las confrontaciones en redes, una espiritualidad desconectada de las necesidades sociales, el llamado “ghetto digital” y la tentación de mantener las cosas bajo la lógica de “siempre se ha hecho así”.
La raíz de muchas de estas tentaciones, explicó, está en poner el propio ego en el centro de la misión; frente a ello, propuso recuperar diferentes modelos del Evangelio: el sembrador, el Buen Pastor, Emaús, la levadura, Juan Bautista, la Samaritana y Betania, como referentes para construir una presencia digital que genere encuentro, comunión y vida.
Cada reflexión fue llevada posteriormente a mesas de trabajo, en las que los participantes analizaron cómo desarrollar estructuras y proyectos de pastoral digital en sus parroquias, diócesis y comunidades, aterrizaron los contenidos a sus propias experiencias y contextos.

La misión también se canta y se ora
El segundo día de Hechos 29 concluyó con una oración cantada dirigida por el sacerdote jesuita Cristóbal Fones, quien invitó a los participantes a reflexionar sobre la misión digital a la luz de las Bienaventuranzas e invitó a ser auténticos y no ocultar nuestra vulnerabilidad.
De esta manera, la jornada dejó un mensaje transversal: la misión digital no se mide únicamente por seguidores, reproducciones o alcance. Su verdadero desafío está en reconocer a las personas que están detrás de las pantallas, escuchar sus preguntas, acompañar sus procesos y generar caminos que conecten el mundo digital con la vida comunitaria.
Hechos 29 toma su nombre del capítulo 29 imaginario de los Hechos de los Apóstoles: el libro termina en el capítulo 28, pero la misión continúa. Hoy esa historia también se escribe en internet, en los nuevos lenguajes y en los espacios digitales donde millones de personas viven, conversan y buscan respuestas.



