Obispos de México piden prestar atención a la realidad que enfrentan personas extranjeras y afrodescendientes, así como originarias de pueblos originarios, presas fáciles a causa de su vulnerabilidad económica, su estatus migratorio, la xenofobia, la aporofobia y el racismo
Fotografía: Ilustrativa
En un comunicado en conjunto entre las dimensiones de Pueblos Originarios y de Movilidad Humana, de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS) y Cáritas Mexicana, la Iglesia llama a unir fuerzas contra la trata de personas.
El texto publicado este 30 de julio, Día Mundial contra la Trata de Personas, es firmado por Mons. Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía, Obispo de la Diócesis de Matamoros y Presidente de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana; y por Mons. José Hiraís Acosta Beltrán, Obispo de la Diócesis de Huejutla, y Presidente de la Dimensión Episcopal para la Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos.
La trata no es invencible
“Unamos fuerzas. La trata no es invencible. ¡En comunidad podemos derrotarla y hacer de este mundo un lugar mejor para la humanidad!”, se lee en el documento difundido en una fecha que busca despertar la conciencia de todos y hacer frente a tan grave delito.
«La trata —recuerda el Papa— debe reconocerse como una forma contemporánea de esclavitud y como una grave violación de la dignidad humana; no reaccionar con firmeza o tolerar de cualquier modo estas prácticas significa, en cierta medida, hacerse cómplice hoy de las culpas cometidas ayer, cuando la esclavitud se justificaba o se silenciaba» (Magnifica humanitas, 175).
En el comunicado se expone la realidad de personas extranjeras y afrodescendientes, así como originarias de pueblos originarios, presas fáciles para las redes de trata a causa de su vulnerabilidad económica, su estatus migratorio, la xenofobia, la aporofobia y el racismo que perdura en nuestras sociedades, así como la desprotección del Estado.
Ante la cruda realidad, ambas dimensiones de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS) llaman a reflexionar con la pregunta escrita en el Génesis (4,9) «¿Dónde está tu hermano?», al advertir que se convierten en “víctimas de grupos criminales que operan el tráfico de seres humanos y órganos; que las someten y obligan a cometer actos ilícitos para cárteles del narcotráfico; que las subyugan con prácticas de prostitución y labores domésticas serviles; que las tiranizan en campos agrícolas, en espacios turísticos, en la industria maquiladora y de la construcción, tanto en México como en Estados Unidos y Canadá”.
¿Sabes en qué condiciones está empleado? ¿Por qué soporta cargas y tratos inhumanos sin renunciar, rebelarse o denunciar?, son otras de las interrogantes incluidas en el documento que también denuncia que “la mayoría de las víctimas de trata viven en cautiverio, a veces sin saberlo; sufren opresión, amenazas, coerción, y retención de salarios”.
No a la explotación en todas su variantes
Los obispos, Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía y Mons. José Hiraís Acosta Beltrán exhortan a no ser indiferentes ante la situación que enfrentan miles de personas en México, en su tránsito por el país o su estancia en busca de mejores condiciones de vida. “Prestemos atención y digamos ‘no’ a la explotación en cualquiera de sus variantes, sea laboral, sexual o doméstica, así como al consumo de productos que provengan del trabajo esclavo”.
Por último, hacen un llamado a favorecer el desarrollo de una sociedad cada vez más consciente y respetuosa de la dignidad y los derechos de toda persona humana: “Apoyemos acciones de prevención, orientación, protección, liberación y rehabilitación”.
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