
Por Humberto Castillo
Pastoral del Deporte
Muchos de nosotros desconocemos el origen de las Copas del Mundo, de cuál era su finalidad y quién creó este torneo que reúne a todo el mundo por espacio de un mes y, por dicha, nosotros lo tenemos por tercera vez en la historia.
Jules Rimet nació el 14 de octubre de 1873, en la comunidad de Theuley, en Francia. Él, hasta los 10 años, servía como monaguillo en el templo de su comunidad, hasta antes de que su familia se mudara a la capital del país, para buscar una vida mejor en el aspecto económico.
A los 18 años de Jules, el Papa León XIII publicó su encíclica Rerum Novarum (De las cosas nuevas), una carta con un alto valor en lo que hoy conocemos como la Doctrina Social de la Iglesia, ya que nos da pautas para abordar los temas sociales y económicos que, en ese tiempo, se derivaban de los cambios provocados por la Revolución Industrial y que, propiamente, reubicaba el valor de las personas trabajadoras y la justicia social.
Impulsar la asistencia social
El joven Rimet, junto con otros amigos, fundó una asociación para ayudar a las personas en asistencia social y médica. Aunado a esto, Jules amaba el deporte y estaba convencido de que a través del deporte se podía hacer mucho bien por la sociedad, ya que unía a muchas personas sin importar la raza o las cuestiones económicas. El futbol, en ese tiempo, lo veía como un deporte para personas de bajos recursos.
En 1904, Jules Rimet, abogado de profesión, ayudó a formar lo que hoy conocemos como la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación) y lo que quería hacer era un torneo internacional de futbol; pero la Primera Guerra Mundial aplazó el proyecto hasta 1930.
En 1928 se creó la Copa Mundial de Futbol, ya siendo presidente Jules Rimet, y se decidió que el primer país sede fuera Uruguay, ya que era campeón olímpico de futbol en 1924 y 1928, además de contar con estadios e instalaciones adecuadas para organizar un torneo mundial.
La finalidad de este torneo era unir a todo el mundo a través de un deporte que resaltara los valores deportivos, entre ellos la unidad, el respeto, el compañerismo y la paz. Este abogado católico fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1956 por esta gran acción que ayudaba mucho a la sociedad de todo el mundo.
Hoy, a pesar de que existen otras motivaciones y prioridades en algunos dirigentes de la FIFA, los Mundiales de Futbol deben verse como los vio Jules Rimet: un momento en el cual se unen personas de todas las razas, credos y extractos sociales, porque los valores del futbol van más allá de las cuestiones económicas.
Vivamos este Mundial de una manera especial, porque hoy somos los anfitriones y podemos dar testimonio de Cristo con todas las personas que nos rodean, incluso en los estadios y en las canchas.
Fuente: Periódico Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara, edición 1532


