Ciudad de México, 14 de abril de 2026 (Red Católica).— En un ambiente marcado por la alegría pascual y la comunión episcopal, los obispos de México vivieron el segundo día de la CXX Asamblea Plenaria, centrado en el fortalecimiento de la cultura vocacional como eje de la misión evangelizadora.
La jornada inicia con la Eucaristía: la Pascua renueva la vocación
Las actividades comenzaron por la mañana con la celebración de la Eucaristía con Laudes, presidida por Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo de Xalapa y presidente de la Comisión Episcopal para Vocaciones y Ministerios.
En su homilía, subrayó que la Pascua no es solo un acontecimiento litúrgico, sino una experiencia que transforma el corazón y renueva la vocación. Recordó que toda llamada nace del encuentro vivo con Cristo y que la vocación debe alimentarse continuamente, pues de lo contrario puede debilitarse.
Insistió en que la cultura vocacional no puede reducirse a estrategias, sino que debe ser una experiencia profunda de encuentro con Dios, capaz de tocar la vida concreta de las personas y ayudarles a descubrir el sentido de su existencia.
Crisis vocacional y desafíos culturales
Durante la jornada matutina, Mons. Patrón Wong presentó una reflexión estructural sobre la vocación, señalando que México enfrenta una crisis antropológica que afecta especialmente a los jóvenes, marcada por la pérdida de sentido, la violencia y la influencia de la narcocultura.
Advirtió que, ante la ausencia de referentes trascendentes, surgen “falsas vocaciones” que prometen poder o reconocimiento inmediato. Sin embargo, también destacó signos de esperanza, como la búsqueda de autenticidad y el valor que muchos jóvenes siguen dando a la familia.
En este contexto, afirmó que la vocación es un proceso que inicia en el bautismo y se desarrolla a lo largo de la vida, planteando una pregunta clave:
“No solo quién soy, sino para quién soy.”
Mons. Pedro Mena: “Vocacionalizar toda la pastoral”
En continuidad con esta reflexión, Mons. Pedro de Jesús Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, ofreció una intervención orientada a provocar el diálogo entre los obispos.
Señaló que la cultura vocacional debe convertirse en un eje transversal de toda la acción pastoral, invitando a “vocacionalizar toda la pastoral”. Subrayó que la evangelización es uno de los caminos fundamentales para suscitar vocaciones, pues solo desde el encuentro con Cristo pueden surgir respuestas auténticas.
Advirtió también sobre los desafíos culturales que enfrentan los jóvenes: fragmentación de la identidad, miedo al futuro, individualismo y dificultad para asumir compromisos duraderos.
Como horizonte, planteó el sueño de una Iglesia donde todos los bautizados descubran su vocación, especialmente los laicos en la transformación del mundo, sin dejar de promover las vocaciones sacerdotales y consagradas.
Tarde de discernimiento: conversación en el Espíritu
Después del aperitivo y la comida, la Asamblea retomó sus trabajos por la tarde con la “Conversación en el Espíritu”, centrada en la pregunta sobre los retos antropológicos y eclesiales para impulsar la cultura vocacional en los procesos evangelizadores.
Este espacio permitió a los obispos compartir experiencias desde sus diócesis, escuchar las distintas realidades y discernir caminos comunes, en un ejercicio concreto de sinodalidad.
Plenario y mensaje al Pueblo de Dios
Tras un momento de descanso, se llevó a cabo el plenario, donde se integraron las aportaciones del diálogo previo, consolidando una visión compartida.
Posteriormente, se presentó el Mensaje al Pueblo de Dios, como expresión del discernimiento conjunto de los pastores, orientado a iluminar la vida eclesial en México.
Sinodalidad y oración: corazón del día
La jornada continuó con la intervención del Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, quien profundizó en el tema de la sinodalidad como camino de la Iglesia hoy, destacando la importancia de la escucha, la participación y la corresponsabilidad.
Finalmente, los obispos celebraron las Vísperas, presididas por Mons. Eduardo Muñoz Ochoa, responsable de la Dimensión Episcopal para los Seminarios, encomendando a Dios los frutos de la jornada.
El día concluyó con la cena, en un ambiente de fraternidad que reflejó la comunión vivida a lo largo del encuentro.


