La realidad
Pbro. José Marcos Castellón Pérez
Una de las cuestiones más acuciantes para la filosofía es la pregunta sobre la realidad. El realismo aristotélico tomista dice que la realidad aparece tal cual ante nosotros y que la verdad consiste, entonces, en la adecuación de la mente con eso exterior a nosotros que llamamos realidad. Para Kant, la realidad, sin embargo, no es sólo lo que está en la objetividad absoluta de lo que está fuera de nuestra mente, sino es el conjunto de objetos reales que son percibidos por el sujeto cognoscente y adecuados a la mente por categorías racionales. Para Ricoeur, la realidad es la interpretación que cada uno hace de lo que percibe de ella, independientemente de lo que es real en sí mismo. Así podríamos seguir hablando de algunas escuelas de filosofía que plantean lo que se ha llamado el problema de lo real, dentro de la epistemología.
No es un problema menor tratándose de la vida concreta de las personas. Por ejemplo, el gobierno dice que es real y verdadero que ya hay medicinas y lo comprueba con datos duros como el gasto que se hace, el almacenamiento, la distribución, etc., pero existe una realidad, igualmente con datos duros, de que una persona va al IMSS, y en la farmacia le dicen que no hay los medicamentos que le recetaron. ¿Quién tiene la verdad, entonces? Podemos poner otro ejemplo: el gobierno de la cuarta, dice que las desapariciones están, según los datos duros, a la baja y muestran gráficas, complejas cifras aritméticas en las que, aunque el número esté al alza, la tendencia va a la baja, etc.; otra es la realidad de las familias que sufren la desaparición de su hijo o del padre o del hermano, en un pueblo en el cual cada semana desaparecen a una persona; para ellos la realidad no es la tendencia ni el número, sino una persona concreta con rostro y nombre que no se sabe qué es lo que está viviendo, si es que todavía vive.
En este tenor, la ONU ha enviado un informe en donde alerta al gobierno de (la) cuarta sobre el incremento alarmante de las desapariciones forzadas, curiosamente después de un alentador informe de la que encabeza el poder ejecutivo, en el que los desaparecidos están doblemente desapareciendo, ahora también, por complejos criterios para darle el título de desaparecido a quien su familia no lo encuentra. La respuesta de las instancias gubernamentales, bueno de la CNDH que ahora es dependencia directa del gobierno morenista, pone el grito en el cielo, diciendo que no es verdad porque se siguen distintos criterios de interpretar la realidad de las desapariciones; aquí en México no todos los desaparecidos son desaparecidos, siguiendo la epistemología de Ricoeur. Entonces, así lo percibirán allá, acá nosotros lo percibimos de otra manera. El problema vuelve entonces a plantearse sobre lo real… qué fácil y cómodo decir desde Palacio Nacional y con camionetas blindadas que el crimen está a la baja, pero ¿el pueblo, vive en el Palacio?
Periódico Arquidiocesano de Guadalajara
12 de abril de 2026
Edición 1523


