Plantea formar y acompañar a los misioneros digitales e integrar esta pastoral en las estructuras de la Iglesia
La Secretaría General del Sínodo publicó, el 3 de marzo pasado, los dos primeros informes finales de los Grupos de Estudio creados por el Papa Francisco tras la Primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Los documentos corresponden al Grupo de Estudio número 3, dedicado a “La misión en el entorno digital”, y al Grupo de Estudio número 4, centrado en la revisión de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, desde una perspectiva sinodal y misionera.
En el caso de la misión digital, el informe plantea un cambio de perspectiva relevante para comprender la presencia de la Iglesia en internet: lo digital no es considerado únicamente un conjunto de herramientas de comunicación, sino una cultura con lenguajes, relaciones y formas propias de construir comunidad.

De utilizar internet a evangelizar una cultura
La cuestión ya no consiste solamente en preguntarse cómo puede la Iglesia utilizar las redes sociales, producir contenidos audiovisuales o mejorar sus canales institucionales.
El informe parte de que el entorno digital es una cultura en la que las personas establecen relaciones, buscan respuestas, expresan inquietudes y construyen comunidades. Por ello, constituye también un espacio donde puede desarrollarse la misión evangelizadora.
Esta perspectiva supone pasar de una lógica centrada exclusivamente en “estar en internet”, a otra que exige comprender cómo anunciar el Evangelio dentro de una cultura atravesada por lo digital.
La cuestión adquiere particular relevancia entre las nuevas generaciones, para quienes los ambientes físicos y digitales se encuentran profundamente interconectados.
Escuchar y acompañar también en los espacios digitales
Uno de los planteamientos centrales del informe consiste en reconocer el entorno digital como espacio de escucha, encuentro y acompañamiento. La presencia de la Iglesia, desde esta perspectiva, no debería reducirse a transmitir información religiosa o publicar contenidos.
“Samaritanear” los espacios digitales
Entre las recomendaciones aparece una expresión especialmente significativa: “samaritanear” los espacios digitales. La propuesta consiste en desarrollar una presencia atenta y compasiva hacia quienes se encuentran heridos espiritualmente, aislados socialmente o marginados económicamente.
Esto modifica también los criterios con los que puede evaluarse la comunicación digital. No se trataría únicamente de contabilizar seguidores, visualizaciones o alcance, sino de preguntarse a quién se escucha, quién encuentra acompañamiento y qué relaciones humanas se construyen.
El documento relaciona así la misión digital con la dimensión social de la Iglesia y con la atención a quienes permanecen en las periferias.
Los misioneros digitales no son solo creadores de contenido
El informe dedica especial atención a las personas que ya evangelizan en estos ambientes. Su tarea no puede identificarse simplemente con la de un influencer, un administrador de redes sociales o un productor de contenidos religiosos. La misión requiere intencionalidad evangelizadora, formación, discernimiento, acompañamiento y comunión eclesial.
Formación espiritual, pastoral y digital
La preparación tampoco puede limitarse al dominio técnico de plataformas, cámaras, edición de video, métricas o algoritmos. El documento propone una formación que integre espiritualidad, teología, pastoral, comunicación y conocimiento de la cultura digital.
También advierte sobre los riesgos que pueden surgir cuando personas con una amplia presencia católica en internet desarrollan su actividad sin suficiente formación, acompañamiento o vinculación con la comunidad eclesial.
De iniciativas aisladas a una pastoral organizada
Una de las propuestas con mayores implicaciones institucionales es avanzar de experiencias digitales fragmentadas hacia una integración sistemática de la misión digital en la vida y las estructuras de la Iglesia.
Evangelización, catequesis, información, acompañamiento, oración o estudio de la Escritura desarrollados en internet no deberían considerarse simplemente actividades complementarias.
El informe señala la necesidad de contar con estructuras de apoyo, responsables, formación, recursos y planificación. Entre las aportaciones recogidas incluso aparece la posibilidad de que las diócesis consideren estructuras semejantes a un vicariato para la misión digital, de acuerdo con sus necesidades y discernimiento pastoral.
Conferencias Episcopales: integrar lo digital en los planes pastorales
Para las Conferencias Episcopales, el documento propone promover el trabajo pastoral digital, desarrollar itinerarios de formación y acompañamiento e incorporar sistemáticamente esta dimensión en los planes pastorales nacionales.
También plantea crear instancias especializadas, apoyar a las comisiones diocesanas, establecer redes nacionales de evangelizadores digitales, organizar encuentros y generar centros de recursos.
La evaluación de estas iniciativas tampoco debería reducirse a indicadores de eficacia comunicativa. El informe propone considerar su capacidad para alcanzar a personas pobres, aisladas o espiritualmente alejadas.

Las diócesis, llamadas a incorporar la pastoral digital
En el ámbito diocesano, las recomendaciones se vuelven más concretas. El informe propone impulsar redes y programas capaces de articular comunidad, catequesis, hospitalidad y cuidado pastoral en internet, manteniendo su vinculación con las comunidades presenciales.
También recomienda incorporar la cultura digital y sus implicaciones pastorales en la formación inicial y permanente de sacerdotes y agentes pastorales. Las diócesis son invitadas además a escuchar a quienes ya realizan misión digital, de manera que las estructuras eclesiales puedan aprender de quienes conocen directamente los lenguajes, dinámicas, oportunidades y dificultades de estos ambientes.
Entre las posibilidades mencionadas aparecen la capellanía digital, el acompañamiento espiritual virtual, los espacios seguros de oración y la formación en línea.
Digitalizar la pastoral no es hacer pastoral digital
Una de las distinciones más relevantes del documento consiste en diferenciar entre “digitalización de la atención pastoral” y “atención pastoral digital”. La primera supone trasladar a internet actividades que ya existen: transmitir una celebración, publicar una catequesis, organizar una videoconferencia o distribuir materiales.
La segunda reconoce que existen relaciones, necesidades y comunidades que nacen y se desarrollan dentro de la propia cultura digital y que, por tanto, requieren formas específicas de presencia y acompañamiento.
La diferencia evita reducir la transformación digital de la Iglesia a una cuestión tecnológica.
Nuevas estructuras para una nueva realidad
Entre las propuestas dirigidas a la Santa Sede se encuentra estudiar la posible creación de una oficina, departamento o comisión dedicada específicamente a la misión digital.
El informe menciona como posibilidad una instancia semejante a una “Comisión Pontificia para la Cultura Digital y las Nuevas Tecnologías”, que pudiera abordar cuestiones teológicas, pastorales y canónicas relacionadas con este ámbito.
También propone estudiar las implicaciones de las comunidades digitales para una organización eclesial tradicionalmente vinculada al territorio.
Surge así una cuestión pastoral novedosa: ¿cómo acompañar comunidades digitales integradas por personas que pueden pertenecer a distintas ciudades, diócesis e incluso países?
Algoritmos, polarización e inteligencia artificial
El informe también advierte sobre los riesgos del ecosistema digital: cámaras de eco, polarización, monetización de la atención, vigilancia, desinformación, discursos de odio y dinámicas capaces de deshumanizar las relaciones; los algoritmos y las plataformas no son considerados neutrales.
La reflexión alcanza igualmente a la Inteligencia Artificial (IA). Estas tecnologías pueden colaborar en determinadas tareas, pero no pueden sustituir dimensiones fundamentales de la misión como el discernimiento, la empatía, el amor, el acompañamiento y la presencia espiritual.
La misión digital debe conducir al encuentro
Reconocer el entorno digital como espacio de misión no significa sustituir la comunidad presencial. El documento insiste en la complementariedad entre ambos ámbitos y advierte sobre el riesgo de que una experiencia de fe exclusivamente en línea permanezca “desencarnada”.
Los espacios digitales pueden generar encuentros auténticos, facilitar procesos de escucha y abrir caminos de evangelización, pero la experiencia cristiana está llamada también a vincularse con relaciones concretas, comunidades y vida sacramental.
De este planteamiento emerge un itinerario pastoral: encuentro en el ambiente digital, escucha, acompañamiento, construcción de vínculos y apertura hacia la comunidad presencial.
Una consulta mundial detrás del informe
El documento es resultado de un proceso internacional de escucha y discernimiento. El Grupo de Estudio recibió respuestas de 84 oficinas de comunicación de Conferencias Episcopales y recogió, a través de la iniciativa La Iglesia te escucha, las aportaciones de mil 618 misioneros digitales de 67 países.
También participaron teólogos, académicos, responsables pastorales, creadores de contenido, profesionales de la comunicación y jóvenes de diferentes países. La metodología refleja una de las características del proceso sinodal: partir de las experiencias, escucharlas y discernirlas antes de formular propuestas.
La pastoral digital entra en una nueva etapa
El informe no presenta la misión digital como un añadido tecnológico a la pastoral tradicional, sino como parte de la conversión pastoral, misionera y sinodal de la Iglesia; la cuestión de fondo tampoco consiste simplemente en incorporar nuevas plataformas a estructuras ya existentes.
El desafío es aprender a anunciar el Evangelio dentro de una cultura donde las relaciones, los lenguajes, las comunidades y las búsquedas humanas están adquiriendo nuevas configuraciones.
La pregunta comienza entonces a cambiar: ya no es solamente cómo utilizar los medios digitales para comunicar el Evangelio, sino cómo estar pastoral y misioneramente presentes allí donde millones de personas viven, conversan, buscan respuestas, construyen relaciones y también preguntan por Dios.

Consulta aquí el Grupo de Estudio No. 3: La misión en el ambiente digital


