La institución fue reorganizada por Pío XI el 28 de octubre de 1936, aunque sus orígenes se remontan a 1603
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Ciudad del Vaticano, 30 de octubre de 2026 (Red Católica).– La Pontificia Academia de las Ciencias cumplió el pasado 28 de octubre 80 años de su reorganización oficial por el papa Pío XI, quien en 1936 le otorgó su nombre actual y estableció las bases de una institución dedicada a promover la investigación científica, la libertad académica y la cooperación internacional.
Aunque su organización moderna tiene ocho décadas, su historia se remonta a 1603. Desde entonces, figuras relevantes de la ciencia han formado parte de su trayectoria, como Galileo Galilei y, posteriormente, investigadores galardonados con el Premio Nobel.
Actualmente, la Academia reúne a 80 científicos de diferentes países, disciplinas y creencias religiosas. Su finalidad es promover el conocimiento científico y contribuir a la comprensión de los grandes desafíos de la humanidad.

Una historia de más de 400 años que comenzó con Galileo Galilei
Los antecedentes de la Pontificia Academia de las Ciencias se encuentran en la Accademia dei Lincei, fundada en Roma el 17 de agosto de 1603 por Federico Cesi, Giovanni Heck, Francesco Stelluti y Anastasio de Filiis.
Conocida como Academia de los Linces, su nombre expresaba la importancia de observar la naturaleza con atención y rigor.
El científico Galileo Galilei ingresó a esta institución el 25 de agosto de 1610. Aunque la Academia dejó de funcionar tras la muerte de Federico Cesi, su legado científico continuó siendo una referencia importante.
En 1847, el Papa Pío IX recuperó esta tradición y reorganizó la institución con el nombre de Pontificia Academia de los Nuevos Linces.
Posteriormente, el 28 de octubre de 1936, Pío XI la reconstituyó mediante el Motu Proprio In multis solaciis, otorgándole su denominación y organización actuales.

De Stephen Hawking a Mario Molina: científicos que marcaron su historia
Entre los académicos que han formado parte de la institución se encuentran investigadores reconocidos internacionalmente por descubrimientos que transformaron la comprensión del universo, la medicina y el medio ambiente.
Uno de ellos fue el físico británico Stephen Hawking, incorporado a la Academia el 9 de enero de 1986. Sus estudios sobre los agujeros negros y el origen del universo contribuyeron al desarrollo de la cosmología contemporánea. Falleció en 2018.
También destacó el científico mexicano Mario Molina, Premio Nobel de Química de 1995, quien ingresó a la Academia el 24 de julio de 2000. Sus investigaciones permitieron comprender cómo determinados compuestos químicos utilizados en aerosoles y sistemas de refrigeración contribuían al deterioro de la capa de ozono. Falleció en 2020.
La presencia de ambos investigadores refleja la amplitud de disciplinas y perspectivas que han caracterizado a la Academia, independientemente de las convicciones religiosas personales de sus integrantes.

Susan Solomon y las investigaciones sobre la protección del planeta
Entre sus integrantes actuales destaca la científica estadounidense Susan Solomon, profesora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), incorporada a la Academia el 20 de abril de 2021.
Solomon es reconocida por sus investigaciones sobre la química atmosférica y el cambio climático. Durante expediciones realizadas a la Antártida en 1986 y 1987 reunió evidencias fundamentales para explicar la destrucción de la capa de ozono por compuestos químicos producidos por la actividad humana.
Sus estudios también contribuyeron a identificar señales de recuperación de la capa de ozono, como resultado de las restricciones internacionales a las sustancias que la deterioraban.
La investigadora participó, además, en los trabajos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), y ha recibido reconocimientos como la Medalla Nacional de Ciencias de Estados Unidos y el Premio Crafoord.
Su trayectoria representa la importancia que la Academia concede a la investigación científica vinculada con la protección ambiental y las consecuencias de la actividad humana sobre el planeta.

Premios Nobel y avances en genética y medicina
Entre las científicas que actualmente pertenecen a la Academia también se encuentran Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, incorporadas el 20 de abril de 2021.
Ambas recibieron el Premio Nobel de Química en 2020 por el desarrollo de la tecnología CRISPR-Cas9, que permite modificar el ADN con gran precisión. Este descubrimiento abrió nuevas posibilidades para la investigación médica, la genética y el tratamiento de enfermedades.
Su trabajo también ha impulsado preguntas éticas sobre los límites y las responsabilidades de la intervención humana en el genoma.
La Academia ha contado igualmente con científicos de la talla de Niels Bohr, Max Planck y Werner Heisenberg, cuyos descubrimientos contribuyeron al desarrollo de la física moderna.

La Iglesia reconoce la libertad de la investigación científica
Uno de los rasgos distintivos de la Pontificia Academia de las Ciencias es su autonomía académica. Aunque se encuentra bajo la protección del Papa, sus integrantes desarrollan sus investigaciones con libertad y sin estar sujetos a una determinada posición política, nacional o religiosa.
En 1940, el Papa Pío XII reafirmó el reconocimiento de la Iglesia a la libertad de los científicos en sus métodos de investigación.
La institución desarrolla sus actividades en seis grandes áreas: ciencias fundamentales, ciencia y tecnología ante problemas mundiales, desafíos de los países en desarrollo, política científica, bioética y epistemología.
Sus integrantes son nombrados por el Papa, a propuesta del cuerpo académico, teniendo en cuenta sus contribuciones científicas y sin discriminación por nacionalidad o religión.

Ochenta años de ciencia al servicio de la humanidad
La Pontificia Academia de las Ciencias tiene su sede en la Casina Pío IV, un edificio del siglo XVI situado en los jardines del Vaticano. Allí se realizan sesiones plenarias, encuentros científicos y reuniones de especialistas.
Actualmente está presidida por el científico alemán Joachim von Braun, especialista en alimentación, agricultura y desarrollo, y cuenta con representación de 36 países.
Sus actividades abarcan desde la investigación científica fundamental hasta cuestiones vinculadas con el cambio climático, la salud, las nuevas tecnologías, la pobreza y la responsabilidad ética de los avances científicos.
A 80 años de su reorganización y con una historia de más de cuatro siglos, la Pontificia Academia de las Ciencias continúa ofreciendo un espacio de encuentro entre la Iglesia y la comunidad científica internacional.
La participación de investigadores de diversas convicciones y disciplinas muestra que la búsqueda del conocimiento puede favorecer el diálogo, la cooperación y la responsabilidad compartida ante los desafíos de la humanidad.

Fuente: https://www.pas.va/en.html


