El sentido común cristiano bajo la guía permanente del Espíritu no deja de recordarnos que la verdadera Iglesia de Cristo es aquella donde está Pedro, y que, si este o aquél por la razón que sea, decide apartarse de la Iglesia, la postura de Cristo sigue siendo la misma: ¿También ustedes quieren irse…?
Por: Pbro. Armando González Escoto
«¿También ustedes quieren irse?», es la pregunta que Jesús hace a sus Apóstoles luego de que algunos de sus seguidores decidieran abandonarlo por no aceptar su mensaje.
Los Apóstoles tuvieron el buen sentido de mantenerse junto a Jesús, pero eso no ha sido obstáculo para que, a lo largo de la historia, muchos hayan en cambio decidido irse, fundando con frecuencia otras comunidades o sectas.
Las discusiones teóricas, doctrinales, morales o litúrgicas, habitualmente no han sido otra cosa que pretextos para encubrir el exagerado amor propio, el protagonismo o la obcecación ideológica de los líderes disidentes.
Dentro del llamado lefebvrianismo, nacido justo de un Obispo disidente, lo que ha imperado hasta el presente ha sido la ideologización de la fe y una radical fidelidad a una determinada tradición litúrgica que, como ocurre en todo proceso de ideologización, acaba siendo más importante que el mismo Evangelio.
Defienden la liturgia emanada del Concilio de Trento (1562); ¿por qué no defienden por ejemplo la liturgia primitiva, o la románica o la medieval? Pues porque no las conocieron. En cambio, un estilo litúrgico que sí conocieron fue el tridentino, y les parece que es el único posible, aun si no es el que originalmente vivió la Iglesia durante 1562 años.
Contrariamente a la enseñanza del Evangelio, el Obispo Lefebvre se opuso a la libertad religiosa, como si esa hubiese sido la enseñanza de Cristo; también se negó al diálogo con otras comunidades cristianas disidentes o no cristianas, partiendo siempre de posturas doctrinales cerradas e intransigentes, tal y como si la constante y verificable evolución del pensamiento cristiano debiera seguir detenido en el siglo XVI, y la Iglesia condenada a ser una especie de museo viviente, petrificada, inmóvil, como la casa de una anciana decrépita donde nada debe cambiar de sitio y todo mundo debe de seguirse vistiendo como lo ha hecho ella en su ya tan lejana época.
La ideología nace siempre de una opinión dogmatizada, dispuesta a alterar el pasado, confundir el presente y anunciar un futuro apocalíptico inminente, como vienen haciendo obsesivamente muchas personas ligadas directa o indirectamente a este movimiento de extrema derecha tradicionalista, bastante bien promovido y aún financiado por los agentes norteamericanos que ven en estas posiciones a sus mejores aliados, no para la defensa de la fe, sino de sus políticas de poder y de dinero amenazadas por nuevos ejes que han surgido en el mundo.
Nada extraño entonces que notables empresarios de muy alto rango hayan sido de los primeros en caer en esta fascinación derechista, precisamente porque ven en ella un camino para la salvaguarda de sus crecidos intereses.
El sentido común cristiano bajo la guía permanente del Espíritu no deja de recordarnos que la verdadera Iglesia de Cristo es aquella donde está Pedro, y que, si este o aquél por la razón que sea, decide apartarse de la Iglesia, la postura de Cristo sigue siendo la misma: ¿También ustedes quieren irse…?
Periódico Semanario Arquidiocesano
Edición 1536
12 de Julio 2026
Comentarios: armando.gon@univa.mx


