Testigos de Cristo resucitado
Ciudad de México, 17 de abril de 2026 (Red Católica).— La jornada conclusiva de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano inició con la celebración de la Eucaristía con Laudes, en el corazón del tiempo pascual, donde los obispos renovaron su misión como testigos de Cristo resucitado.
Durante la homilía, Monseñor Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, destacó que la Iglesia vive en el corazón del tiempo de Pascua, donde Cristo resucitado sigue caminando con su pueblo y renovando su esperanza. En este contexto, subrayó que los pastores están llamados a regresar a sus diócesis como signos visibles de la presencia viva del Resucitado, especialmente en medio de un país herido por la violencia y el sufrimiento.
Su mensaje giró en torno a tres imágenes evangélicas que marcaron el tono espiritual de la jornada: Los apóstoles, que aun en medio de la dificultad perseveran y anuncian con alegría a Cristo, recordando que la misión no se detiene ante la adversidad. El testimonio valiente, que invita a los pastores a no callar el Evangelio, sino a proclamarlo con fidelidad y esperanza. Jesús que multiplica el pan, signo de una Iglesia que está llamada a compartir, a salir al encuentro y a saciar el hambre material y espiritual del pueblo.
A partir de estas imágenes, se insistió en que la misión de los obispos no nace del miedo ni del juicio, sino de la misericordia, en sintonía con el anuncio central del Evangelio: un Dios que salva, que acompaña y que permanece cercano a su pueblo.
La homilía también hizo un llamado claro a no dejarse paralizar por la realidad compleja del país, sino a responder con esperanza activa, acompañando a las víctimas, fortaleciendo la fe de las comunidades y promoviendo caminos de reconciliación.
Compromisos pastorales: una ruta integral con eje en la iniciación cristiana
Como fruto del discernimiento vivido en la Asamblea, los obispos asumieron una serie de compromisos orientados a fortalecer una auténtica cultura vocacional en la Iglesia en México.
En este camino, se comprometieron a evangelizar a las familias, reconociéndolas como el primer espacio donde se siembra y madura la vocación; a impulsar la sinodalidad, promoviendo una Iglesia que escucha, dialoga y discierne en comunidad; y a fortalecer el acompañamiento cercano, especialmente hacia adolescentes y jóvenes, generando espacios de escucha y orientación personal.
Asimismo, se subrayó la necesidad de garantizar la formación y estabilidad de los agentes pastorales, conscientes de que una cultura vocacional requiere acompañantes preparados, constantes y con testimonio coherente. También se propuso el desarrollo de itinerarios pastorales integrales, que permitan procesos continuos de formación y discernimiento, superando una pastoral fragmentada.
En este conjunto de compromisos, destaca de manera especial el impulso a una iniciación cristiana con sentido vocacional, entendida como el eje transversal de toda la acción pastoral. Este compromiso busca que cada bautizado descubra su llamado desde el encuentro con Cristo en el anuncio del Kerigma, la vida de oración, la formación y la caridad.
Se trata de promover procesos que no solo transmitan contenidos, sino que acompañen integralmente a la persona, ayudándola a discernir su vocación en la vida cotidiana y a responder con libertad y responsabilidad al llamado de Dios.
Una Iglesia enviada a construir esperanza
Desde la fuerza de la Pascua, la Iglesia en México reafirma su compromiso de caminar junto a su pueblo, acompañar su dolor, fortalecer la fe y promover la reconciliación, construyendo una sociedad más justa, fraterna y llena de vida.
Finalizó la CXX Asamblea con el canto del Regina Coeli.


