Cada 24 de enero, la Iglesia recuerda a San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia, cuya figura está profundamente ligada al mundo de la comunicación. No solo es patrono de los periodistas y comunicadores, sino también un referente espiritual para quienes ejercen el oficio de la palabra en contextos de polarización, prisa y confrontación.
Nacido en 1567 en el ducado de Saboya, San Francisco de Sales vivió en una Europa marcada por la fractura religiosa posterior a la Reforma. Enviado como misionero a la región de Chablais —mayoritariamente calvinista—, encontró cerrados los púlpitos y las plazas. Lejos de rendirse, recurrió a un medio entonces innovador: la palabra escrita. Redactó hojas y folletos que dejaba en casas y caminos, convencido de que la verdad podía abrirse paso sin violencia. Ese método pastoral lo convierte, con justicia, en un precursor del periodismo evangelizador.
Su estilo llamó la atención siglos después. En 1923, el papa Pío XI, al conmemorar el tercer centenario de su muerte mediante la encíclica Rerum Omnium, lo proclamó patrono de los escritores y periodistas católicos, subrayando su claridad doctrinal, elegancia del lenguaje y caridad en la controversia. Para el Pontífice, Francisco de Sales demostraba que se puede defender la verdad sin herir, corregir el error sin humillar y comunicar sin perder humanidad.
La espiritualidad salesiana está marcada por una convicción central: “Nada es tan fuerte como la dulzura”. Para él, la comunicación nace del corazón y debe conquistar por atracción, no por imposición. Esta visión resulta especialmente actual en la cultura mediática contemporánea, donde la dureza del discurso y la desinformación erosionan la confianza social.
No es casual que la Iglesia publique cada año, precisamente el 24 de enero, el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Instituida por el Concilio Vaticano II, esta Jornada recuerda que comunicar no es solo transmitir datos, sino construir comunión, formar conciencias y servir al bien común.
Así, San Francisco de Sales sigue interpelando a periodistas, comunicadores y usuarios de los medios: la verdad no pierde fuerza cuando se dice con amor, y la palabra, cuando es honesta y responsable, puede convertirse en puente, no en muro. Su testimonio ilumina hoy el sentido más profundo del periodismo: un servicio a la dignidad humana, a la justicia y a la paz, al corazón mismo del Evangelio.


