La Iglesia expresó su profundo dolor por el caso de Noelia, una joven de 25 años que se sometió a la eutanasia, y advirtió que esta práctica no es una solución al sufrimiento humano, sino un signo de fracaso social y abandono.
Ciudad de México, 27 de marzo de 2026 (Red Católica).— La historia de Noelia, una joven de 25 años que decidió aplicarse la eutanasia, ha generado una fuerte reflexión en la Iglesia, que calificó el hecho como una “derrota social” y un llamado urgente a fortalecer el acompañamiento humano ante el sufrimiento.
En un pronunciamiento difundido tras la reciente Jornada por la Vida, celebrada bajo el lema “La vida, un don inviolable”, obispos subrayaron que el caso no puede interpretarse únicamente desde la autonomía individual, sino desde una realidad más profunda marcada por el dolor psicológico, la soledad y la falta de atención adecuada.
La eutanasia, “ruptura del vínculo del cuidado”
Los señores obispos afirmaron que la eutanasia y el suicidio asistido “no son un acto médico”, sino una ruptura deliberada del vínculo del cuidado. En este sentido, insistieron en que presentar estas prácticas como respuesta al sufrimiento humano refleja un fracaso de la sociedad.
Advirtieron además que, en este caso, no se trataba de una enfermedad terminal, sino de heridas profundas que requerían atención integral, tratamiento y esperanza.
La dignidad humana no depende de las circunstancias
El comunicado enfatiza que la dignidad de la persona humana es intrínseca y no depende del estado de salud, la percepción subjetiva de la vida o el grado de autonomía.
Por ello, la respuesta auténticamente humana ante el sufrimiento —señalan— debe centrarse en la cercanía, el acompañamiento, los cuidados adecuados y el apoyo integral, no en provocar la muerte.
Cercanía, oración y llamado a la sociedad
Los obispos manifestaron su cercanía con Noelia y su familia, asegurando su oración y compromiso por promover una cultura del cuidado “que no abandona a nadie”.
Asimismo, hicieron un llamado a la sociedad a fortalecer los recursos de atención psicológica, el acompañamiento humano y las redes de apoyo, especialmente para las personas más vulnerables.
“Cuando la vida duele, la respuesta no puede ser acortar el camino, sino recorrerlo juntos”, concluye el mensaje, al subrayar la necesidad de construir una sociedad donde nadie se sienta solo ni descartado.
Firmantes del pronunciamiento:
Mons. José Mazuelos Pérez, obispo de Canarias y presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida; Mons. Ángel Pérez Pueyo, Mons. Santos Montoya Torres, Mons. Antonio Prieto Lucena y Mons. Gerardo Melgar Viciosa.


