Wednesday, April 8, 2026

La Iglesia pascual

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Pbro. Armando González Escoto

¿Es la Iglesia el nuevo Santo Sepulcro que hay que mantener vigilado para que ella misma no resucite? Por lo pronto, ahí están apostados los guardianes del tradicionalismo, turnándose con los promotores del secularismo, con ese mismo afán, atrapar a la Iglesia en sus redes ideológicas, en la nostalgia de lo que fue, o los desvaríos de lo que debería ser.

Jesús ha sido visto y tratado como la principal amenaza a las sacrosantas tradiciones de Israel, el que no guardaba infinidad de costumbres, el que violaba el sábado y no hacía abluciones antes de comer, el que hablaba poco del pasado porque Él mismo era la plenitud del futuro, aun si por decirlo quisieron despeñarlo ya al principio de su ministerio.

La Iglesia, cuerpo místico de Cristo y prolongación de su presencia en el tiempo y el espacio de la historia humana, muchas veces ha sido igualmente maniatada hasta por sus mismos miembros temerosos de que en su permanente renacer deseche vestiduras, estilos y formas que no son sino ataduras.

Por lo mismo, a las puertas del Pontificado del Papa León, ya hay vigilantes armados para obligarla a permanecer en el sepulcro del ayer, dispuestos a desvirtuar su ministerio si no es acorde a los prejuicios y añoranzas de sus detractores, los cuales llenan páginas y páginas de las redes sociales con todo tipo de pasquines apocalípticos, de fariseos del siglo XXI siempre apuntando con el dedo y acusando con las palabras de siempre: blasfemia, sacrilegio, herejía, tal y como hicieron en su momento con Jesús, aliándose con los poderes de este mundo para deshacerse de quien los hace temblar, como hicieron las supremas autoridades de Israel aliadas al imperio romano, y así, poder crucificar al Mesías, para demostrar que ese es amigo del César.

En el yunque donde se fabrican los clavos que herirán las manos y los pies del Señor, los nuevos herreros del presente siglo fabrican también las nuevas diatribas, los manejos sucios, la manipulación astuta que busca uncir el carro de la Iglesia a los intereses de las ideologías, de las políticas y los grandes negocios, como si de pronto la obra de Jesús se hubiese convertido en un reino de este mundo.

Y mientras unos se medio matan por remasterizar ritos, vestuarios y prejuicios barrocos, aunque se les confunda con actores despedidos de óperas bufas, otros descafeínan la esencia de la fe católica para asimilarla al secularismo militante.

Con cuánta razón el Señor dijo a sus apóstoles que en este mundo enfrentarían todo tipo de vicisitudes, pero añadió algo que no se debe olvidar, Él ha vencido al mundo.

Lo venció desde su encarnación, lo derrotó para siempre cuando ni la piedra que tapaba el sepulcro, ni la milicia que vigilaba, pudieron impedir su resurrección. Y si la Iglesia es prolongación de este extraordinario misterio, de poco servirán vigilantes y rocas para impedir que de nuevo tenga vida, y sea vida nueva, no un reciclaje del pasado.

Semanario Arquidiocesano de Guadalajara 

Edición 1522

5 de abril de 2026

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