Tuesday, May 19, 2026

En África, León XIV trazó el camino pastoral frente a la guerra

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En estos meses marcados por conflictos armados y discursos cada vez más agresivos, la Iglesia vuelve a recordarnos que su misión no se define por el poder, sino por el servicio.

A punto de cumplir el Papa León XIV su primer año de pontificado, estamos presenciando uno de los momentos más significativos de su ministerio. Esta puede ser, sin duda, la primera piedra angular por la que será recordado: no por la estridencia de sus palabras, sino por la coherencia de sus acciones.

Mientras el presidente Donald Trump endurece su discurso, alimenta conflictos y responde con ataques, incluso de carácter simbólico y religioso, el Papa ha optado por un camino radicalmente distinto. No ha entrado en la lógica de la confrontación. No ha respondido con la misma moneda. Su respuesta ha sido profundamente evangélica: “No tengo miedo para anunciar el Evangelio de Cristo”.

Esta frase no es una consigna, es un programa de vida pastoral. Y ese programa se ha hecho visible de manera contundente en estos días. Mientras unos levantan discursos de guerra, el Papa camina por África. Mientras unos dividen, él visita. Mientras unos atacan, él consuela. No es un gesto menor, es un acto de gran significado. Es una catequesis viva.

África, tantas veces despreciada o reducida a estereotipos, se convierte hoy en el corazón del Evangelio cristiano. Allí, donde el sufrimiento, los conflictos internos y las heridas históricas siguen presentes, el Papa ha decidido estar. No desde la distancia, no desde el juicio, sino desde la cercanía. Las imágenes lo muestran rodeado de multitudes, acogido con alegría, acompañado por un pueblo que reconoce en su presencia un signo de esperanza.

Es elocuente que mientras algunos buscan imponer su visión del mundo, el Papa se deja encontrar por los pueblos.

El llamado constante del Papa a la paz no es discurso. Ha convocado a la oración, ha insistido en el papel de las autoridades civiles como responsables del bien común y ha advertido con claridad: “Hay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos”. En estas palabras resuena una denuncia profética.

El Papa nos recuerda que el Evangelio no se impone, se anuncia, se vive, se testimonia. Su viaje a África es, en este sentido, una respuesta pastoral de gran profundidad. No responde con argumentos, responde con presencia. No responde con poder, responde con cercanía. No responde con condenas, responde con esperanza.

La Iglesia está llamada a ser signo de paz en medio de la guerra. Y eso comienza en lo cotidiano: en nuestras palabras, en nuestras actitudes, en la manera en que enfrentamos el conflicto. El Papa no solo enseña con sus discursos; enseña con su modo de estar en el mundo.

En tiempos donde la violencia parece tener la última palabra, el testimonio de León XIV nos recuerda que el camino de Cristo sigue siendo otro: el de la paz que se construye, el del amor que no se impone y el de la verdad que no necesita gritar para ser escuchada.

Mientras el mundo discute quién tiene más poder, la Iglesia simplemente sale al encuentro.

Periódico Arquidiocesano de Guadalajara

Edición 1525

26 de abril de 2026

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