Wednesday, April 8, 2026

EL VELO DE LA VERÓNICA

Comparte

El rostro de la misericordia que nos sigue mirando

Ramiro Escoto Ratkovich

Hace unos días, el silencio orante de la Basílica de San Pedro fue testigo de un momento que trasciende el tiempo y la materia. Desde lo alto del balcón de la Santa Verónica, la reliquia del Velo de la Verónica fue presentada ante los fieles, que marcó el inicio espiritual de la Pasión. En ese lienzo, desgastado por los siglos pero vivo por la devoción, no vemos solo un objeto arqueológico; vemos la huella de un Dios que, en su hora más amarga, se dejó consolar por la ternura humana.

UN EVANGELIO ESCRITO EN LINO

Aunque los Evangelios canónicos no narran el encuentro de la mujer valiente en la Vía Dolorosa, la Tradición de la Iglesia ha custodiado este relato como un “quinto evangelio” de la compasión. Verónica no era una mujer de poder, sino de fe.

Su gesto —limpiar el sudor, la sangre y el polvo del rostro de Jesús— es la máxima expresión de lo que significa ser cristiano: no apartar la mirada ante el sufrimiento del prójimo. El Velo se convirtió en una prueba de que ningún acto de amor, por pequeño que sea, queda sin recompensa divina.

LA AUTENTICIDAD DEL CORAZÓN

Mucho se debate sobre la procedencia física del lienzo que descansa en el Vaticano. Sin embargo, para el alma que busca a Dios, la autenticidad del Velo de la Verónica no reside en hilos de lino o pigmentos antiguos, sino en su capacidad de conmover el espíritu. Como bien han señalado los pontífices, ésta es una “imagen no hecha por manos humanas” (acheiropoieta), porque es el reflejo de la Verdad misma.

El velo es un espejo. Al mirar ese rostro difuminado, el creyente no busca una fotografía científica, sino la mirada de Aquel que dio la vida por nosotros. La reliquia que vimos este domingo en San Pedro es un puente litúrgico que nos une a los millones de peregrinos que, desde la Edad Media, han llegado a Roma solo para decir: “Señor, quiero ver tu rostro”.

UN LLAMADO A LA CONVERSIÓN EN SEMANA SANTA

La exhibición anual de la Santa Verónica no es un espectáculo, sino un llamado a la reparación. En un mundo herido por la indiferencia, la Verónica nos enseña que el rostro de Cristo sigue presente hoy en el sufriente, en el pobre y en el olvidado.

Al contemplar la reliquia en vísperas de la Semana Santa, se nos invita a preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a ser como la Verónica y consolar al Señor en sus miembros más pequeños? Que la bendición recibida este domingo en el Vaticano no se quede en las naves de la Basílica, sino que se convierta en luz para nuestro caminar. Porque, al final del camino, lo único que quedará impreso en el lienzo de nuestra alma será el amor que hayamos tenido.

EL DATO

El Velo de la Verónica permanece custodiado en una capilla privada tras la estatua de mármol de Santa Verónica en la Basílica de San Pedro, y solo se muestra públicamente durante el quinto domingo de Cuaresma y la Semana Santa.

Periódico Arquidiocesano Semanario

Edición 1522, 5 abril 2026

En esta sección