Tuesday, March 31, 2026

Del racionalismo al simbolismo 

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Hasta la década de los años noventa del siglo XX,  la civilización occidental estuvo bajo el dominio tiránico de la racionalidad cientificista, fenómeno de múltiples facetas que se venía fraguando desde mediados del siglo XVIII. Esta forma de pensar chocó diametralmente con todas las religiones, hasta que eventualmente desde el espacio católico surgió un esfuerzo enorme de diálogo y actualización que culminó con el Concilio Vaticano II.

Pero ese racionalismo positivista se ha diluido en los últimos cincuenta años generando una nueva sociedad con otro tipo de expectativas. La racionalidad sigue siendo importante pero ya no es primaria, en cambio nos hemos ido al extremo opuesto, el de la sensibilidad, el sentimiento y la fantasía cuya presencia se busca invariablemente en la recreación de paisajes culturales simbólicos, en nuevas escenografías donde la imagen tiene un gran poder de atracción y seducción como secuela al universo de pantallas en el que estamos inmersos, y la facilidad inmediata para que todo mundo sea actor, dramatice el instante y lo comparte de inmediato en sus redes, creando nuevas formas de diálogo, de intercambio, de reactivos de comunicación novedosos e influyentes.

En las antiguas celebraciones de Cuaresma y Semana Santa, la Iglesia había creado ni más ni menos un mundo similar con los recursos de su tiempo y para una sociedad de aquel entonces que comienza a tener parecido con la contemporánea, por lo menos en el aprecio de este tipo de lenguajes cargados de simbolismo escénico, de colores o repentina ausencia de los mismos, de una especial pedagogía de las semanas y de los días que abarcó todos los aspectos de la vida, incluido el culinario, donde no había abstinencia sin postre, ni ayuno sin premio.

El escrutinio social sobre las conductas públicas estaba igualmente presente y se ejercía de manera ruidosa y evidente en el juicio que la gente hacía a la hora esperada por todos, de la quema de los judas, luego de los rigores de los días santos.

Estas observaciones podrían inducirnos a querer reproducir sin más los recursos de antaño, grave error; aunque la actual sociedad busca lenguajes más sensitivos, no está esperando refritos, sino nuevas formas y maneras de asumir el lenguaje actual en consonancia con las mentalidades formadas por las nuevas tecnologías de la comunicación.

Recordemos que la historia no es un ciclo que se repite, sino una espiral que se abre, quienes repiten fracasan, quienes innovan prosperan, siendo la clave la capacidad de ver que se está pasando por un paisaje que es parecido, pero no igual, porque ya vamos en una vuelta superior, de donde una respuesta sabia es la que combina de lo ido, de lo presente y de lo por venir, asunto en el que la comunidad católica ha sido genial y debemos trabajar para que lo siga siendo. Este nuevo tiempo de cuaresma y pascua es también una nueva oportunidad para intentarlo.

Pbro. Armando González Escoto

armando.gon@univa.mx

Semanario Arquidiocesano de Guadalajara 

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