La próxima expedición tripulada de la NASA contará con un astronauta que ha hecho pública su fe, destacando la relación entre ciencia, riesgo y confianza en Dios.
Ciudad de México, 29 de marzo de 2026 (Red Católica).— La misión Artemis II tiene previsto su lanzamiento el 10 de abril de 2026 y su regreso el 21 de abril, marcando un hito en la exploración espacial al llevar nuevamente astronautas a la órbita de la Luna.
Entre los tripulantes destaca el piloto Victor J. Glover, astronauta seleccionado por la NASA en 2013, cuya trayectoria profesional y testimonio de fe cristiana han llamado la atención en el contexto de esta misión histórica.
Un piloto con sólida formación y experiencia espacial

Originario de California, Glover cuenta con una sólida formación académica: posee una licenciatura en ingeniería general, una maestría en ingeniería de pruebas de vuelo, una maestría en ingeniería de sistemas y una maestría en arte y ciencia operacional militar.
Antes de Artemis II, participó como piloto en la misión Crew-1 de SpaceX de la NASA hacia la Estación Espacial Internacional, integrándose a la Expedición 64, lo que lo posiciona como uno de los astronautas con experiencia clave para esta nueva etapa de exploración lunar.
Ciencia de frontera… y una fe vivida

Glover ha compartido en diversas ocasiones que su experiencia en el espacio ha fortalecido su fe. En un entorno donde cada operación implica riesgos extremos, la confianza en Dios adquiere una dimensión concreta.
La expresión “no hay ateos en la cima de los cohetes” refleja —según ha explicado— cómo la experiencia del vuelo espacial lleva a cuestionamientos profundos sobre la vida, la fragilidad humana y el sentido de la existencia.
Fe y ciencia: un diálogo posible
Lejos de ver conflicto entre ciencia y religión, el piloto sostiene que ambas se complementan. La ciencia permite comprender el funcionamiento del universo, mientras que la fe ofrece una respuesta al sentido último de la realidad.
Su testimonio se inserta en una tradición de científicos creyentes que reconocen en el orden del cosmos una huella de trascendencia.
Un viaje que trasciende lo técnico

Aunque Artemis II no contempla un alunizaje, será clave para futuras misiones. Durante once días, la tripulación realizará un sobrevuelo lunar y pondrá a prueba sistemas esenciales para la exploración del espacio profundo.
Más allá de lo técnico, la presencia de un piloto que vive su fe aporta una dimensión humana y espiritual a la misión.
“Explorar el espacio es también contemplar la creación”, ha señalado.


