El historiador reflexionó sobre los testimonios de los cristeros y los acuerdos que pusieron fin a la guerra; Mons. Héctor Mario Pérez Villarreal llamó a estudiar este episodio con honestidad intelectual, apertura al diálogo y respeto a la libertad religiosa
Fotografía: CEPCOM
Ciudad de México, 14 de octubre de 2026 (Red Católica).– Con la conferencia magistral del historiador Jean Meyer, dedicada a la memoria de los cristeros, inició junto a la Basílica de Guadalupe, este 14 de octubre, el Coloquio Internacional sobre el centenario del conflicto religioso de 1926, un encuentro académico que busca profundizar en uno de los periodos más complejos de la historia de México.
El coloquio es organizado e impulsado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Universidad Pontificia de México y la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica, con el propósito de revisar los acontecimientos mediante documentos, testimonios y distintas perspectivas históricas.
Inauguraron este Coloquio: Mons. Héctor Mario Pérez Villareal, secretario general de la CEM; los presbíteros Dr. Juan Carlos Casas Garcia, del Departamento de Historia y Arte; Mtro. Tomás de Híjar Ornelas, presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica; y el Dr. Pedro Benítez Mestre, rector de la Universidad Pontificia de México.

Mons. Héctor Mario: recordar la historia para comprender y aprender
Durante su mensaje inaugural, Mons. Héctor Mario Pérez agradeció a las instituciones organizadoras, así como a los especialistas que participan en este espacio de reflexión académica sobre un acontecimiento doloroso de la historia nacional, pero también marcado por importantes testimonios de fe.
Recordó que en 1926, cuando las campanas de los templos dejaron de sonar y se suspendió el culto público, comenzó un periodo de profundo sufrimiento que afectó a numerosas familias mexicanas.
Sacerdotes, religiosos y especialmente laicos padecieron las consecuencias del conflicto. Muchos, señaló, entregaron su vida por permanecer fieles a su conciencia y a su fe.
El secretario general de la CEM destacó que recordar estos acontecimientos no debe convertirse en una oportunidad para alimentar confrontaciones, sino para comprender lo sucedido, reconocer responsabilidades y aprender de las heridas que marcaron a la nación.
Subrayó que el testimonio de quienes dieron su vida por sus convicciones recuerda la importancia de la dignidad humana y del respeto a la libertad religiosa.
Asimismo, afirmó que la verdad no debe utilizarse como instrumento de confrontación, sino ponerse al servicio del encuentro entre las personas.
En este sentido, consideró que el coloquio representa una oportunidad para profundizar en el conocimiento de la historia con honestidad intelectual, apertura al diálogo y disposición para escuchar distintas perspectivas.

Jean Meyer: conmemorar la Cristiada, no celebrar la guerra
Al iniciar su conferencia, Jean Meyer hizo referencia a una fotografía de dos penitentes mexicanos que acudieron a la Basílica de Guadalupe en 1926, para pedir la intercesión de la Virgen ante la crisis que atravesaba el país.
La imagen le permitió introducir el tema central de su exposición: la memoria de los cristeros y la manera en que sus protagonistas recordaron e interpretaron los acontecimientos.
Meyer explicó que el centenario representa una oportunidad para conmemorar, no celebrar, el conflicto religioso. Se trata, señaló, de reconocer los testimonios de sus participantes, estudiar sus decisiones y lamentar las consecuencias de la violencia.
También advirtió sobre los riesgos de utilizar la historia para construir versiones oficiales o alimentar resentimientos.
El historiador manifestó su satisfacción porque las conmemoraciones en las que ha participado durante 2026 se han desarrollado, según su apreciación, de manera digna, generosa e inteligente.

Aurelio Acevedo y la memoria viva de los cristeros
Uno de los principales testimonios presentados por Meyer fue el de Aurelio Acevedo, dirigente cristero de Zacatecas, quien se levantó en armas el 22 de agosto de 1926, acompañado inicialmente por unos trece hombres mal armados.
Tres años después, al concluir el conflicto, encabezaba un regimiento de aproximadamente 500 jinetes.
Meyer explicó que, después de la guerra, muchos antiguos combatientes permanecieron durante años en silencio. La frustración por los acuerdos de paz, las experiencias de violencia y las dificultades para comprender el desenlace del conflicto marcaron profundamente sus vidas.
En este contexto destacó la publicación de David, un periódico impulsado por Aurelio Acevedo, cuya segunda etapa comenzó en 1952.
La publicación recogió cartas, documentos y testimonios de antiguos combatientes que encontraron un espacio para compartir sus experiencias después de años de silencio.
El historiador relató que, cuando llegó a México en 1965 para investigar la Cristiada, encontró dificultades para consultar los archivos oficiales. Sin embargo, tuvo la oportunidad de conocer personalmente a antiguos combatientes y escuchar sus testimonios.
Aquellos encuentros se convirtieron en una fuente fundamental para sus investigaciones.

Los acuerdos de 1929 y las preguntas que permanecieron abiertas
Otro de los temas centrales de la conferencia fue el desenlace del conflicto armado y los acuerdos de junio de 1929.
Meyer explicó que numerosos cristeros consideraban que todavía tenían capacidad para continuar la lucha. Sin embargo, aceptaron entregar las armas por obediencia a la autoridad de la Iglesia.
El caso de Aurelio Acevedo resultó especialmente significativo. Según relató el historiador, el dirigente cristero vivió la entrega de las armas como uno de los momentos más dolorosos de su existencia.
Desde su interpretación histórica, los cristeros carecían de recursos suficientes para derrotar definitivamente al gobierno federal, mientras que el Ejército tampoco lograba terminar con la resistencia armada. Esta situación contribuyó a buscar una salida negociada.
Meyer abordó también la interpretación, extendida entre algunos antiguos combatientes, de que el papa Pío XI había sido engañado al aceptar los acuerdos.
Frente a esta explicación, sostuvo que el pontífice tomó conscientemente la decisión de poner fin al conflicto, considerando las consecuencias humanas de una guerra que se había prolongado durante tres años.
El problema posterior, añadió, fue el incumplimiento de compromisos fundamentales y la continuidad de restricciones religiosas durante la década de 1930.

Recuperar la memoria para comprender la historia de México
A lo largo de su exposición, Meyer insistió en que la historia de la Cristiada no puede comprenderse únicamente mediante documentos oficiales o decisiones de las autoridades.
Las cartas, los relatos familiares y los testimonios personales permiten conocer las motivaciones de quienes participaron en el conflicto, así como las consecuencias que enfrentaron después de la guerra.
Destacó que, para muchos cristeros, su participación estuvo profundamente vinculada a la defensa de su fe y a su compromiso religioso.
Al mismo tiempo, recordó que el trabajo del historiador exige distinguir entre la memoria personal y la reconstrucción de los acontecimientos mediante documentos y testimonios contrastados.
Las intervenciones de Mons. Héctor Mario Pérez Villarreal y Jean Meyer coincidieron en señalar la importancia de aproximarse al pasado con seriedad y de reconocer la complejidad de los acontecimientos.
A cien años del inicio del conflicto religioso, el coloquio propone recuperar la memoria de sus protagonistas y examinar las consecuencias de aquel periodo, no para reabrir enfrentamientos, sino para favorecer el conocimiento histórico, la comprensión mutua y el respeto a la libertad religiosa.
Mira aquí la conferencia magistral de Jean Meyer:
https://www.youtube.com/live/85Jv1QnCJGI?si=S3KRvNq-NyrJjCt-


