En la misa de la Virgen de Zapopan, Mons. Joseph Spiteri invitó a los fieles a seguir el ejemplo de María, promover el diálogo y trabajar por el bien común
Fotografía: Arzobispado de Guadalajara
Zapopan, Jalisco. 12 de octubre de 2026 (Red Católica).- Con un llamado a ser portadores de paz y bien, al estilo del saludo franciscano, el Nuncio Apostólico en México, Mons. Joseph Spiteri, presidió por primera vez la Misa de Bienvenida de la Virgen de Zapopan en su Basílica, como representante del Papa León XIV, durante la Romería del 12 de octubre.
La Misa dio comienzo tras aproximadamente cinco horas de recorrido de la imagen de Nuestra Señora de Zapopan, desde la Catedral Metropolitana de Guadalajara hasta su Santuario, donde el cardenal José Francisco Robles Ortega presentó al representante pontificio.
La Eucaristía fue ofrecida por la paz y por la salud del Papa León XIV, quien envió un saludo a los fieles reunidos para recibir a La Generala.
En su homilía, Mons. Joseph Spiteri destacó que las palabras franciscanas “paz y bien”, con las que los frailes reciben a los peregrinos en el Santuario, expresan dos dones que toda persona necesita y está llamada a compartir.
A partir del pasaje evangélico de la Visitación de María a su prima Isabel, explicó que la Virgen no llevó únicamente palabras de aliento, sino que se acercó para ayudarla de manera concreta y personal. Además, llevaba consigo a Jesús, a quien definió como el Príncipe de la Paz.
El Nuncio Apostólico recordó que la Virgen de Zapopan es venerada como Nuestra Señora de la Expectación, pues presenta a los fieles el don más grande: Jesucristo, el Hijo de Dios, que reconcilia a la humanidad con el Padre y hace posible la reconciliación entre las personas.
Por ello, invitó a los fieles a no limitarse a pedir la intercesión de María, sino también a imitar su ejemplo, saliendo al encuentro de los demás, especialmente de quienes más necesitan ayuda.
“También nosotros queremos salir al encuentro de nuestros hermanos y hermanas, sobre todo de los más necesitados”, expresó al señalar que los cristianos están llamados a llevar la presencia y el amor de Jesucristo a todos los lugares.
Subrayó, además, la importancia de vivir en comunión, una insistencia constante del Papa León XIV, pues la unidad es necesaria para sanar las heridas provocadas por la violencia, el odio, las guerras y los conflictos, tanto en el mundo como en las familias y en la sociedad.

Redes sociales e Inteligencia Artificial (IA) al servicio del bien
Mons. Spiteri también se refirió a los desafíos que representan los medios de comunicación y la Inteligencia Artificial (IA) en la construcción de la paz.
Reconoció que estos avances ofrecen beneficios importantes, desde facilitar la comunicación entre personas distantes hasta contribuir a mejorar la calidad de vida mediante aplicaciones en el campo de la medicina.
Sin embargo, advirtió que su uso inadecuado puede dañar las relaciones humanas y convertirse en un medio para propagar el odio, la venganza y la división.
El representante pontificio llamó la atención sobre los comentarios de odio que circulan en las redes sociales y sobre la tendencia a presentar las opiniones personales como verdades absolutas, lo que dificulta el diálogo y profundiza la polarización.
Ante esta realidad, exhortó a los fieles a pedir, por intercesión de la Virgen María, el don de la conversión que permita revisar la manera en que utilizan las plataformas digitales y relacionarse con los demás.
La construcción de la paz, afirmó, requiere respetar la diversidad, reconocer la dignidad de cada persona y proteger la vida física y moral. También implica escuchar a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, dialogar con ellos y buscar soluciones reales a sus necesidades.
En este sentido, invitó a los presentes a mantener un corazón semejante al de una madre, siempre atento a las necesidades de sus hijos, especialmente de los más pequeños y frágiles.

Sanar las heridas para ser portadores de paz
Al concluir, Mons. Joseph Spiteri recordó que los cristianos tienen la misión de ser testigos de Jesús en cualquier lugar al que vayan. Para ello, señaló, es necesario permitir que el amor, el perdón y la misericordia de Dios transformen la manera de pensar y de actuar.
Invitó a los devotos a trabajar por el bien común, fortalecer el tejido social y compartir tanto las dificultades como las alegrías de sus hermanos, con respeto por la naturaleza y disposición para servir.
El Nuncio concluyó con una invitación a buscar la verdadera alegría y la serenidad del corazón, que hacen posible reconocer en cada persona la imagen de Cristo y compartir con todos el don de la paz y el bien.



