sábado, septiembre 26, 2026

Para prevenir abusos en la Iglesia, hay que creerles a los niños

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La Iglesia católica ha desarrollado mecanismos específicos de prevención y protección pues, nos guste o no, también en las parroquias y ambientes eclesiales ocurren este tipo de delitos

Por: Sonia Gabriela Ceja Ramírez / Periódico Semanario de Guadalajara

El abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes constituye una de las formas más graves de violencia contra la infancia. Sin embargo, pese a su magnitud, una parte importante de los casos permanece oculta; no se detecta, no se denuncia o tarda años en salir a la luz.

En México, la problemática adquiere dimensiones preocupantes: de acuerdo con datos de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), en 2015 se estimaban al menos 600 mil delitos sexuales al año. Más de la mitad ocurrían en el hogar y alrededor del 60 por ciento eran cometidos por familiares o personas conocidas.

El agresor suele encontrarse dentro del círculo de confianza de la víctima, lo que facilita el acceso, dificulta la denuncia y puede permitir que los abusos se prolonguen durante meses o incluso años.

En el ambiente eclesiástico

Frente a esta realidad, la Iglesia católica ha desarrollado mecanismos específicos de prevención y protección pues, nos guste o no, también en las parroquias y ambientes eclesiales ocurren este tipo de delitos.

En México, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) aprobó en 2018 la creación del Consejo Nacional para la Protección de Menores, como organismo multidisciplinario. Un año después, el 25 de marzo de 2019, la Arquidiócesis de Guadalajara creó la Comisión Interdisciplinaria para la Protección de Menores, coordinada por el Pbro. Miguel Ángel Rodríguez Díaz.

Creando ambientes seguros

El padre Miguel Ángel explica que el propósito de la Comisión es crear una cultura de la prevención en parroquias, grupos pastorales, y entre sacerdotes y seminaristas, de manera que quienes acudan a la Iglesia se encuentren en un ambiente seguro.

Durante dos años, los sacerdotes fueron capacitados en las semanas de formación permanente para hacer de cada comunidad un espacio seguro. Las visitas continúan actualmente en las parroquias que lo solicitan, así como en algunos decanatos y vicarías.

La capacitación también alcanza a trabajadores y agentes de pastoral, y aborda situaciones cotidianas como el saludo, el trato con las personas, el vocabulario y el uso de redes sociales.

Alzar la voz

Si se detecta una conducta inapropiada por parte de un sacerdote o servidor de la parroquia, debe denunciarse, pues “parte de la prevención es también la cultura de la denuncia”.

El padre Miguel Ángel enfatiza que desde el arzobispado jamás se pide no denunciar: “Que la gente no se quede callada, que comunique a su párroco, en el arzobispado, con el vicario general, con alguno de los señores obispos, en la misma comisión de protección de menores, que denuncien. Y también pueden denunciar civilmente. Son dos caminos, tanto la vía canónica como la vía civil”.

¿Cómo identificarlo?

El sacerdote explica que existen conductas que claramente no deben ocurrir, como tocar el pecho, los genitales o los glúteos de una persona. Sin embargo, incluso un abrazo, un saludo o un beso pueden resultar incómodos, por lo que debe prevalecer el respeto a los límites de cada persona.

La comunicación también es importante, cuando un sacerdote, un vicario parroquial, por ejemplo, considera que está siendo hostigado por alguna persona. En esos casos, debe informar a su párroco o a alguno de los obispos para evitar un escándalo o un malentendido.

Aunque hay pocas denuncias, no se minimizan

Desde la creación de la comisión, en 2019, se han recibido denuncias, aunque la mayoría corresponden a casos considerados imprudencias: conductas o contactos que incomodaron a una persona, pero que no necesariamente se configuran como un abuso.

El coordinador de la comisión señala que la actuación del arzobispado parte de creerle a quien denuncia y posteriormente investigar las circunstancias.

La investigación debe realizarse con prudencia para evitar la revictimización, pues una persona que sufrió abuso puede tardar años en denunciar por miedo a que no le crean.

Cuando un menor de edad o una persona adulta víctima de abuso se acerca al arzobispado, se les ofrece ayuda psicológica, espiritual y asesoría jurídica para que puedan denunciar civilmente.

Recomendaciones para laicos y sacerdotes

A los sacerdotes, el padre Miguel Ángel les recomienda cuidar aspectos tan cotidianos como los abrazos, los saludos, el manejo de redes sociales, los horarios y los lugares donde atienden a las personas, procurando que sean espacios visibles y apelando al sentido común.

En actividades fuera de la parroquia, como campamentos, recomienda la presencia de padres de familia y de personas capacitadas para atender necesidades de salud, por ejemplo.

Cercanía sin traspasar barreras

Aunque existe una relación cercana y sana entre algunas familias y los sacerdotes, el padre Miguel Ángel señala que los presbíteros deben permanecer dentro de límites claros.

Si se sospecha o conoce una situación de abuso, se puede acudir al arzobispado, donde la denuncia puede presentarse ante la Comisión para la Protección de Menores, el vicario general o los obispos auxiliares.

Las consecuencias de un abuso

En los casos de abuso por parte de ssacerdotes se realiza una investigación previa para determinar si la denuncia tiene fundamento. Si lo tiene, se inicia un proceso en el que se determina la culpabilidad o no de la acción denunciada.

Las imprudencias también pueden recibir sanciones, que van desde una amonestación o reprensión hasta el apartamiento temporal del ministerio, acompañado de atención psicológica.

En el ámbito civil, se pide a las víctimas que ejerzan su derecho a denunciar. Cuando existen elementos suficientes para considerar que pudo haberse cometido un delito, la diócesis también notifica a la Fiscalía.

Cuidémonos entre todos

La protección de menores implica no solo prevenir el abuso, sino también construir espacios seguros, procedimientos claros y una respuesta centrada en la dignidad y las necesidades de quienes han sufrido violencia.

Alejarse repentinamente de algún familiar, dejar de querer acudir a la escuela, presentar nerviosismo o ansiedad, comenzar a orinarse en la cama después de haberlo superado o mostrar cambios repentinos pueden ser señales que requieren atención: “Hay que preguntarles a los niños y creerles”.

Reconstruir la confianza

En marzo del próximo año se llevará a cabo en Guadalajara el VI Congreso Latinoamericano de CEPROME.

Inscripciones: congresoc.eprome.lat.com
Informes: congreso@ceproeme.com
WhatsApp: +52 557 844 5330

Contacto

Comisión Interdisciplinaria para la Protección de Menores
 menoresiglesiacatolica@gmail.com
 Tel.: 3333687199

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