Cuarenta y seis años después de la histórica intervención de san Juan Pablo II ante la UNESCO, el Papa León XIV vuelve a situar la voz de la Iglesia en este foro internacional
Por: Pbro. Giancarlos Candanedo Páez
Fotografía: UNESCO
Este 25 de septiembre marca un momento histórico de profunda relevancia para la diplomacia internacional y la reflexión ética global.
El Papa León XIV inició su viaje apostólico a Francia, y tuvo ya, un momento central, una intervención presencial a la sede de la UNESCO en París, en respuesta a la invitación del director general de la Organización, Khaled El-Enany.
La visita posee una especial carga simbólica: León XIV se convierte en el segundo Pontífice en la historia en visitar la sede de la UNESCO y dirigirse a este organismo.
Ha transcurrido casi medio siglo -exactamente 46 años- desde que san Juan Pablo II se dirigió a la UNESCO el 2 de junio de 1980. Aquel discurso planteó un diálogo entre la fe, la razón y el desarrollo de los pueblos, centrándose en la dignidad de la persona, la visión integradora de la cultura y la imperiosa primacía del espíritu sobre el materialismo.
En 1980, Juan Pablo II subrayó que la cultura es el modo específico en que el ser humano vive y realiza su existencia, creando lazos comunitarios únicos.
En un contexto marcado por la Guerra Fría, advirtió que el futuro de la humanidad y la paz mundial dependían de anteponer la ética a la técnica, la persona a las cosas y el espíritu a la materia.
«¡Hay que movilizar las conciencias!», urgió el Pontífice polaco, señalando que las herramientas creadas por el hombre no debían terminar sometiéndolo.
Hoy, 46 años después, el magisterio de León XIV retoma algunos de estos desafíos ante la era digital.
En su carta encíclica Magnifica Humanitas, firmada el 15 de mayo de 2026, el Papa advierte sobre los riesgos de que la dignidad humana quede subordinada a criterios de eficiencia tecnológica y a procesos de automatización (cfr. MH 156,183,198).
En ambos pontificados puede identificarse una preocupación común: la grandeza verdadera de la sociedad no se mide por la potencia de sus arsenales militares ni por la sofisticación de sus tecnologías, sino por la capacidad moral de orientar dicho progreso hacia la justicia y el bien común (cfr. MH Cap. V).
La UNESCO ofrece un espacio de diálogo sobre algunos temas presentes en el pontificado de León XIV, orientados de forma constante hacia la promoción de la paz, la defensa inviolable de la vida humana, la formación integral de la juventud y el uso ético y responsable de los avances tecnológicos, trascendiendo fronteras políticas, identidades culturales y credos religiosos.
Asimismo, esta visita pone de manifiesto el valor fundamental que la Santa Sede concede al diálogo multilateral.
Como ha señalado el observador permanente de la Santa Sede ante la UNESCO, Mons. Roberto Campisi, ambas instituciones coinciden en que la paz duradera no es un acuerdo coyuntural, sino una construcción paciente que exige educar con justicia a las nuevas generaciones, salvaguardar las identidades culturales y amparar siempre a los más vulnerables -a los niños sin acceso a la escuela, las víctimas de las guerras, los migrantes, los golpeados por la brecha digital y los pueblos cuya memoria histórica se halla amenazada-.
Este regreso a la UNESCO, después de 46 años, el viaje del Papa León XIV nos invita a reflexionar sobre un desafío especialmente actual para la sociedad contemporánea y para nuestro país.
A medida que nos adentramos en la era de la Inteligencia Artificial (IA) y los automatismos, resulta necesario mantener una mirada atenta y crítica sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías, procurando que cada innovación técnica esté firmemente subordinada a la protección integral de la dignidad humana y al servicio del espíritu.
Comentarios: Presbítero, Opus Dei / @GCandanedoPaez


